lunes, 18 de julio de 2011

Messi y el rosario de fundamentos necios

Con  la eliminación de Argentina consumada en la Copa América, y como pasó a lo largo de todo el camino de la Selección en el torneo, las miradas siguen apuntando a Lionel Messi. Se escuchan las críticas sin sentido de siempre: que no canta el himno, que no juega como el Barcelona, que no le llega ni a los talones a Maradona y muchas frases hechas, sin evaluación posible, no sólo porque carecen de esencia, sino porque son hechos incomparables, sin fundamento alguno y de una ceguedad que no soportan la sensatez ni un método explicativo.

Hacer una comparación entre los rendimientos de Messi en el Barça y en la Selección es de un pensamiento limitado. En el conjunto catalán, Messi juega desde los 12 años, ya tiene una célula madre incorporada, un chip esencial. Está rodeado por los mejores en su puesto, como Xavi Hernández, Sergio Busquets y el “bochinesco” Andrés Iniesta. Entonces, ¿qué se le puede discutir a un tipo que en su Selección juega rodeado de un triple cinco? Porque no sólo caemos en la tentación de comparar los rendimientos del rosarino, sino en pretender que Ever Banega, Javier Mascherano y Esteban Cambiasso, sean como Xavi-Busquets-Iniesta. Un límite que se funde entre lo cómico y lo desconcertante.  Barcelona no debería ser ningún espejo, porque Argentina debería jugar como Argentina y dejar de intentar copiar estilos a los que jamás podrá llegar.

Adoptar una filosofía de juego (de toque corto, rápido y vertical), es una cosa. Copiar un modelo con componentes principales y actores de reparto, es otra, demasiado errónea. España juega a lo Barcelona porque le dan los mecanismos. A falta de un Messi, se las arregla con otras figuras que cumplen otro rol, pero jamás el de “La Pulga”. De ahí, la base de su éxito. Juega como el Barça, pero se adapta a jugar sin un Messi. En Argentina no pasa, porque tenemos al crack, pero queremos rotular a otros jugadores y clonarlos: no se puede. Así van pasando los años y los fracasos se consumen, se fotocopian monstruosamente, hasta que terminamos por entender que la desilusión siempre está latente, ahí cerca de nuestra puerta y cuando nos queremos dar cuenta, entró a nuestros corazones, para volver a despojarlos de esa ilusión que genera la Selección pero que, últimamente, termina en eso.

Tevez tampoco rinde en la Selección. Quizás alcancen los dedos de las manos para contar las veces que brilló. Pero la gente lo sigue vivando, porque la gran mayoría se comió el enorme chamuyo del “jugador del pueblo”. El mismo que habla una cosa, pero termina haciendo otras muy diferentes. Messi no produce esa hemorragia de felicidad, porque no sabe ni quiere venderse. Su esencia es así. Y punto. Terminamos recayendo en las espaldas de un pibe de 24 años, a quien seguimos desaprovechando. Que es crack (porque nadie puede negarlo) y nos olvidamos de que estamos así por la inoperancia que ejerce desde la Asociación del Fútbol Argentino. Porque la mayor está mal y suma fracasos, como también lo suman los juveniles. Un Sub-17 que juega horrible, un Sub-20 que clasificó de suerte al Mundial de Colombia y no estará en los Juegos Olímpicos. Hablamos de proyectos, pero esa palabra termina siendo una salida poca honrada para eludir las preguntas que no sabemos contestarnos. “Cómo sigue esto. Y bueno, tenemos un proyecto…”. ¿Cuál es? ¿De qué se trata? ¿A dónde vamos? ¿Por qué las juveniles juegan a una cosa y la mayor a otra? ¿Qué pretendemos?

Messi no es Maradona. Y Diego no es Lionel. Son comparaciones incomparables, porque nosotros, los argentinos, necesitamos comparar todo el tiempo las cosas que no tienen un límite de similitud. Sólo porque ambos marcan la tendencia de ser los mejores del mundo, tomamos el camino de la equivocación. ¿Para qué compararlos? No se entiende. Messi no es el del Barcelona, pero Mascherano y Milito tampoco. Di María menos y Tevez ni hablar. Obviemos hablar de Cambiasso y Banega para no caer en el ridículo. Pero claro, es más fácil hablar del mejor, creyendo que nos va a salvar las papas en todos los partidos, cuando ni siquiera tenemos la sabiduría de saber cuidarlo y hacerlo sentir nuestro. Somos así, nacimos para criticar y así vamos sumando fracaso tras fracaso. Porque siempre vemos la punta del iceberg, pero jamás, jamás de los jamases, nos esforzamos para ver a los verdaderos culpables. ¿Y Grondona? ¿Y todos los dirigentes de la AFA? ¿Y el proyecto serio? ¿Y Carlos Bilardo? No, la culpa es de Messi…Así estamos, ojalá que algún día podamos comprender cómo tomar el camino del éxito y darnos cuenta que Messi es el último eslabón de una (des) organización: la Asociación de los papelones.   

domingo, 17 de julio de 2011

El fracaso del pueblo

“No es un fracaso”, dijo Sergio Batista consumada la eliminación en la Copa América, un torneo preparado para que Argentina se reconcilie con la gloria, tras 18 años sin títulos, sin una alegría a nivel mundial ni continental. Las palabras del técnico, no conciernen la realidad. Además de chocar la Ferrari que manejaba, se dejó manipular. Y así terminó. Cedió ante la presión de la gente, ante el pedido “popular” (palabra de moda que me genera una total irritación porque, en la mayoría de los casos políticos, se utiliza mal y de pésima forma) y no tuvo la dignidad de dar un paso al costado cuando desde la AFA le impusieron la presencia de Carlos Tevez, “El jugador del Pueblo”, el mismo que se gana los aplausos por correr a los rivales, por los “huevos”, pero que es delantero y en la Selección no rinde ni mete goles.

Claro, es fácil recaerle a Tevez ahora. Muchos se dirán: ¿qué hubiese pasado si Carlitos metía el penal? Seguramente, nada. Estas líneas no están destinadas a macharle el rotundo fracaso de la eliminación a Tevez, un simple jugador, sino a ver la pobre realidad que ataca a los argentinos, que seguimos creyendo que somos los mejores, pero lamentablemente, nos comemos un buzón torneo tras torneo. Maradona, antes de jugar con Alemania en el Mundial de Sudáfrica 2010, dijo que si la Selección improvisaba, “se comía cuatro”. Diego leyó a la perfección el resultado, lástima que no supo leer el partido y nos tuvimos que volver a casa. Batista llegó de la mano de su “proyecto”, pensando en Brasil 2014. Se llenó la boca hablando de Marcos Rojo, que terminó suplente, tras el juego ante Bolivia, y Javier Zanetti, próximo a cumplir 38 años, ocupando el lateral izquierdo. Para la próxima Copa del Mundo, “El Pupi” tendrá casi 41 años. ¿Así proyectamos?

Batista armó una Selección Clase B, que se comió 4 con Nigeria y perdió con Polonia. Siempre dijo que buscaba parecerse al Barcelona, una estupidez total. Que una de las selecciones más importantes del mundo busque parecerse a un equipo (más allá que sea el mejor del planeta), no es serio. Argentina debe amoldarse a lo que tiene, dentro de sus tiempos de trabajo y con una idea, seria y concisa, que gire alrededor de un plan bien fundamentado de fútbol. No hay táctica, porque creemos que con los nombres en algún momento del partido vamos a desequilibrar. Un mamarracho. Tan patético como, al final del partido con Bolivia, los jugadores buscaron la forma de zafar del vergonzoso 1-1 diciendo que “los bolivianos se metieron muy atrás y fue difícil entrarles”. ¿Acaso pensaban que Bolivia iba a salir a atacarnos?

Batista no quiso a Tevez, pero, un puñado de hinchas en Chaco y la presión de Julio Grondona le hicieron flaquear su idea y terminó bajándose los pantalones. No tuvo dignidad ni principios ni códigos para hacerse respetar. Y el presidente de la AFA, fiel a su conducta autoritaria y vetusta, terminó transformando un equipo con ciertas ideas en un berenjenal de choques y piques sin sentido. “El Apache” no iba a estar en la lista, pero terminó siendo titular. Y Batista tardó dos partidos para darse cuenta que Agüero era el socio ideal de Messi. Contra Uruguay, Batista volvió a confiar en Tevez, mientras los televidentes tuverion que soportar la idiotez de un comentarista que pedía a Carlitos, para “reivindicarse”. Parecía un chiste de mal gusto. La puñalada final llegó como tenía que llegar. Con Tevez errando el penal que definió la serie.  

El emblema del Inter; el goleador de la Premier League; el mejor fichaje del Barcelona para Guardiola, la figura y goleador del Atlético de Madrid, una pieza clave para Mourinho, más el mejor jugador del mundo y socio ideal del Palermo. Un equipo plagado de estrellas y de futbolistas asociados a los grandes equipos de Europa. El factor de jugar en nuestro país, de tener a Bolivia y a un combinado juvenil de Costa Rica en el grupo. Fuimos segundos, después de empatar con los del altiplano (jugando horrible), igualar con Colombia (dejando una penosa imagen) y vencer a un equipo frágil. Nos tocó Uruguay y sólo nos alcanza “el merecimiento de ganarle”. Caímos por penales. Tuvimos todo, pero nos quedamos sin nada, porque nos comimos el chamuyo del “tenemos a los mejores”. Pero para ser los mejores, nos falta bajar a la tierra, agachar la cabeza, trabajar, disminuir la altanería y, de una vez por todas, entender que tenemos todo, pero no somos nada. DT, jugadores, dirigentes, hinchas y periodistas amarillos: todos culpables. Igual, para Batista no fue fracaso…  

martes, 12 de julio de 2011

Ganamos, pero Messi sigue sin cantar el himno

Duele, subestima, rompe las pelotas, en fin…La insoportable maraña de impotentes amarillistas dueños de bolsillos profundos y verdades sin sentido (desarraigos de miserias irresolutas), generaron un confuso y mal oliente clima en torno a Lionel Messi y la Selección. No es discutible la crítica por el juego de la Argentina de Sergio Batista (nadie puede negar que jugó dos pésimos partidos ante Bolivia y Colombia), pero sí son debatible las formas. El amarillismo, la mala leche y el “me cago en todos”, es una forma empresarial para arraigar el consumismo nauseabundo de hoy.

No es nuevo, no se descubre el agua caliente ni el maquillaje tapa ojeras, sólo se trata de dar un golpe de timón, de meter un poco de frescura, una brisa oxigenada, dentro de un ambiente que se volvió con olor a podrido. Hoy, la mayoría de los periodistas no hacen periodismo, sino que practican el “agachismo ilustrado”, una especie de decir todo que sí para quedar bien con el empresario de turno y venderle pescado podrido a la gente, que como moscas, suman clicks, compran páginas llenas de basura y observan, muy pochocleros, como un canal “des”informa de forma tan ligt como aterradora. Como un día defienden a unos, al día siguiente lo matan y al rato lo vuelven a adorar.
El ejemplo de esta calentura superficial salió a flote con un hecho puntual: la “pelea” de Lionel Messi y Nicolás Burdisso. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe y entiende que cuando se juega al fútbol no hay amigos, sólo rivales enfrente, y que, en la mayor cantidad de los casos, uno juega para ganar. Si estos síntomas afectan nuestras vidas jugando en la canchita de la vuelta del hogar o un “torneíto” entre amigos, imaginen lo que pude alterar en las células de un profesional, empatando su segundo partido en su país (en un torneo armado para ganarlo, por la historia y lo que implica jugarlo en casa), insultado por millares de personas y jugando muy mal. Flores no se van a tirar, chistes no van a hacer, callados no se van a quedar. Vertiendo el caso y revolviendo la mierda, justamente, a esos últimos tres puntos, el empresario amarillista dueño del medio hubiese enviado una orden fulminante: “Poné que la Selección volvió a jugar horrible y no mostraron rebeldía”. Simplemente, asco.

Repasando los tres años que me costó hacer la carrera, personalmente, trato de defender a rajatabla la esencia de la noticia. Informar no es vender, es informar. Vender no es informar, es llenarse los bolsillos a costa de algunos muchachotes que escriben, que hablan, que ponen las manos y la “jeta” por aquel que da órdenes detrás de un escritorio, o de un gimnasio, o desde una camioneta 4X4, o desde…Es aquel que cuando habla se muestra entumecido hasta las lágrimas por fomentar la libertad de expresión. Hoy, hacer periodismo, es hacer un gran circo que gira en las conveniencias de unos pocos y de las cuales se alimentan, en forma de migajas, los pobrecitos que escriben o trasladan la “noticia” a los miles de consumidores.

El periodista perdió su rol porque los empresarios y los grandes mercaderes destrozaron la profesión, la hicieron añicos. Hoy un click es mucho más importante que expresar la verdad. Decir que Messi y Burdisso se putearon y casi se van a las manos vende muchísimo más que poner que fue una calentura de un partido de fútbol. Es más viable que llamen a levantarte una nota porque el personaje en cuestión es “amigo de” a que apoyen la noticia que vas a dar. Ojo, no nos confundamos, le ganamos a Costa Rica, jugamos bien y estamos en cuartos, pero este pibe Messi sigue sin cantar el himno…