El fracaso del pueblo

“No es un fracaso”, dijo Sergio Batista consumada la eliminación en la Copa América, un torneo preparado para que Argentina se reconcilie con la gloria, tras 18 años sin títulos, sin una alegría a nivel mundial ni continental. Las palabras del técnico, no conciernen la realidad. Además de chocar la Ferrari que manejaba, se dejó manipular. Y así terminó. Cedió ante la presión de la gente, ante el pedido “popular” (palabra de moda que me genera una total irritación porque, en la mayoría de los casos políticos, se utiliza mal y de pésima forma) y no tuvo la dignidad de dar un paso al costado cuando desde la AFA le impusieron la presencia de Carlos Tevez, “El jugador del Pueblo”, el mismo que se gana los aplausos por correr a los rivales, por los “huevos”, pero que es delantero y en la Selección no rinde ni mete goles.
Claro, es fácil recaerle a Tevez ahora. Muchos se dirán: ¿qué hubiese pasado si Carlitos metía el penal? Seguramente, nada. Estas líneas no están destinadas a macharle el rotundo fracaso de la eliminación a Tevez, un simple jugador, sino a ver la pobre realidad que ataca a los argentinos, que seguimos creyendo que somos los mejores, pero lamentablemente, nos comemos un buzón torneo tras torneo. Maradona, antes de jugar con Alemania en el Mundial de Sudáfrica 2010, dijo que si la Selección improvisaba, “se comía cuatro”. Diego leyó a la perfección el resultado, lástima que no supo leer el partido y nos tuvimos que volver a casa. Batista llegó de la mano de su “proyecto”, pensando en Brasil 2014. Se llenó la boca hablando de Marcos Rojo, que terminó suplente, tras el juego ante Bolivia, y Javier Zanetti, próximo a cumplir 38 años, ocupando el lateral izquierdo. Para la próxima Copa del Mundo, “El Pupi” tendrá casi 41 años. ¿Así proyectamos?
Batista armó una Selección Clase B, que se comió 4 con Nigeria y perdió con Polonia. Siempre dijo que buscaba parecerse al Barcelona, una estupidez total. Que una de las selecciones más importantes del mundo busque parecerse a un equipo (más allá que sea el mejor del planeta), no es serio. Argentina debe amoldarse a lo que tiene, dentro de sus tiempos de trabajo y con una idea, seria y concisa, que gire alrededor de un plan bien fundamentado de fútbol. No hay táctica, porque creemos que con los nombres en algún momento del partido vamos a desequilibrar. Un mamarracho. Tan patético como, al final del partido con Bolivia, los jugadores buscaron la forma de zafar del vergonzoso 1-1 diciendo que “los bolivianos se metieron muy atrás y fue difícil entrarles”. ¿Acaso pensaban que Bolivia iba a salir a atacarnos?
Batista no quiso a Tevez, pero, un puñado de hinchas en Chaco y la presión de Julio Grondona le hicieron flaquear su idea y terminó bajándose los pantalones. No tuvo dignidad ni principios ni códigos para hacerse respetar. Y el presidente de la AFA, fiel a su conducta autoritaria y vetusta, terminó transformando un equipo con ciertas ideas en un berenjenal de choques y piques sin sentido. “El Apache” no iba a estar en la lista, pero terminó siendo titular. Y Batista tardó dos partidos para darse cuenta que Agüero era el socio ideal de Messi. Contra Uruguay, Batista volvió a confiar en Tevez, mientras los televidentes tuverion que soportar la idiotez de un comentarista que pedía a Carlitos, para “reivindicarse”. Parecía un chiste de mal gusto. La puñalada final llegó como tenía que llegar. Con Tevez errando el penal que definió la serie.
El emblema del Inter; el goleador de la Premier League; el mejor fichaje del Barcelona para Guardiola, la figura y goleador del Atlético de Madrid, una pieza clave para Mourinho, más el mejor jugador del mundo y socio ideal del Palermo. Un equipo plagado de estrellas y de futbolistas asociados a los grandes equipos de Europa. El factor de jugar en nuestro país, de tener a Bolivia y a un combinado juvenil de Costa Rica en el grupo. Fuimos segundos, después de empatar con los del altiplano (jugando horrible), igualar con Colombia (dejando una penosa imagen) y vencer a un equipo frágil. Nos tocó Uruguay y sólo nos alcanza “el merecimiento de ganarle”. Caímos por penales. Tuvimos todo, pero nos quedamos sin nada, porque nos comimos el chamuyo del “tenemos a los mejores”. Pero para ser los mejores, nos falta bajar a la tierra, agachar la cabeza, trabajar, disminuir la altanería y, de una vez por todas, entender que tenemos todo, pero no somos nada. DT, jugadores, dirigentes, hinchas y periodistas amarillos: todos culpables. Igual, para Batista no fue fracaso…
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