lunes, 29 de agosto de 2011

Insoportable

Independiente jugó mal y armó un deslucido 0-0 frente a Argentinos Juniors en La Paternal. Le falta elaboración de juego y profundidad. Apenas cosechó cuatro puntos sobre nueve posibles. En el horizonte aparece Boca. Mohamed se juega mucho más que un clásico. Los hinchas perdieron la paciencia contra Comparada, el entrenador y los jugadores. ¿Hay salida?

A Independiente le falta elaboración, un jugador que se haga cargo de las riendas del juego y distribuya, alguien que gambetee para delante. No hay un creador, no hay socios, no hay esencia de ataque, sólo voluntades en cuentagotas y no mucho más que eso. Mohamed se mareó. No sólo él, sino que además marea a los jugadores, a los hinchas. Los permanentes cambios de nombres y de esquemas, irritan. Claro está que todo sería más fácil con jugadores de jerarquía, esos mismos que alguna vez pidió Américo Gallego y tiempo después, causalidad o causalidad, no le renovaron el contrato para afrontar un nuevo-viejo proyecto: manipular dt’s y traer futbolistas negociados a gusto y placer. El último puesto (Garnero-Mohamed) fue el corolario de una de las grandes mentiras de Comparada, Matera y compañía.

Si Independiente depende (vaya paradoja) de alguna patriada de Eduardo Tuzzio (inentendible la posición del primer tiempo) o alguna aparición por sorpresa de Iván Vélez, será muy complicado ganar un partido. “El Señor” no está para cargarse el equipo al hombro, ya demasiado hace arreglando problemas ajenos y jugando de lo que se le pida, y el colombiano en cuestión es totalmente irresoluto. Ante Argentinos, “El Rojo” casi que jugó con diez, por la pésima actuación de Osmar Ferreyra, un zurdo que parece haber olvidado hasta su arma más fuerte: la pegada. “El Malevo” fue una verdadera sombra y desde su llegada acumula aplazos.

La defensa volvió a dejar en claro que sufre los pelotazos cruzados y que se complica ante un medio tan blando. Porque Cristian Pellerano y Hernán Fredes (los dos que anduvieron por el círculo central junto a Tuzzio)  carecen de marca. Así se complica mucho más llegar con peligro. La línea de mediocampistas es un pase y siga para los contrarios y se hace muy complejo enarbolar alguna contra. Para salir, Independiente primero debe sufrir; como ocurrió con ese cabezazo de Pablo Barzola o ese remate mordido y desviado de Gustavo Oberman.

Arriba, hay una disyuntiva: Facundo Parra parece perdido con el juego y alejado del gol. A Marco Pérez, en cambio, se lo ve participativo, pero al igual que su compatriota Vélez, a veces se nubla a la hora de definir una jugada. El ex Gimnasia perdió un gol imposible abajo del arco, y a “Facu” el arquero Luis Ojeda le sacó un cabezazo con destino de red. Lo llamativo es que Pérez y Parra no se encuentran entre sí y les cuesta asociarse en alguna jugada de ataque. Contra Argentinos, sólo ocurrió una vez: fue en el segundo tiempo, donde el cafetero habilitó al ex Chacarita que definió ancho ante la rápida salida del guardameta del “Bicho”.

 La gente reprobó la actuación del equipo. Los hinchas se hartaron de que Independiente no brinde absolutamente nada y sea un equipo mediocre. Se saturaron de una dirigencia que no para de equivocarse en cada mercado de pases (salvo en ínfimas oportunidades). Hubo insultos y el agotamiento tendrá su punto de inflexión el próximo domingo en Avellaneda, en el clásico frente a Boca.

Las cartas para Mohamed están echadas y de él dependerá cómo jugarlas. A veces, para ganar al truco no hacen falta figuras, sino viveza. Al “Turco” le falta material, por eso deberá jugarse el todo por el todo y salir a apurar a Boca. Es una final más, aunque esta vez, habrá que jugarla con el corazón (sin excusas) y con los dientes apretados. Ya no se soporta otro revés. El compromiso tiene que ser el máximo, de lo contrario, la llama de un ciclo comenzará a evaporarse; los resultados mandan. Tal cual deben mandar en diciembre para generar lo que la gran mayoría espera: el cambio dirigencial.  


jueves, 25 de agosto de 2011

Otra nubarrón en la historia

Alguna vez pensé que la obtención de la Copa Sudamericana iba a  terminar por despertar a aquel gigante dormido que se echaba una larga siesta por Avellaneda, no por años de esfuerzos, sino por sendas anestesias dirigenciales que nunca lo dejaron despabilarse y lo mantuvieron ahí, en la oscuridad y ese frío letargo que colmó las almas de cada hincha de Independiente. Pero nada de eso sucedió. Lo que era una oportunidad para cambiar, hacer las cosas bien, posicionarse económica y futbolísticamente, sólo fue un sueño de verano.

En poco más de un mes, Independiente, el mismísimo Rey de Copas, el Orgullo Nacional, perdió dos finales que eran ganables, pero que se consumieron en derrotas. Porque nunca se entendió como crecer después de aquel logro ante el Goiás. Porque se siguieron cometiendo los mismos errores de siempre: proyectos que llueven en forma de fracasos, negociados en vez de jerarquía, las mentiras del estadio que saltan a la realidad día tras día y las promesas eternamente incumplidas. Por todo esto, y mucho más, hoy seguimos regalando el prestigio que tanto nos costó ganar en la Sudamericana. Un trabajo y un esfuerzo que se tiró por la borda por las incesantes equivocaciones dirigenciales.

No se arreglaron los contratos de Andrés Silvera ni de Ernesto Farías por los “impuestos”, pero a Brasil viajaron algunos personajes con dinero del club
, tal es el caso del famoso “Candidato del Hincha”, a quien se lo vio merodeando por el vestuario de Independiente, cerca de su amigo y socio dirigencial, Julio Comparada. Ni siquiera saben mentir. La situación, si uno pensaba que podría mejorar porque se acercaban las elecciones y necesitaban maquillarse para ganar votos, no cambió. Es más, se oscurece día a día.

¿Para que seguimos maquillando la penosa realidad arreglando jugar tantas copas? Podrán entrar algunos dólares por jugar estas competencias, pero el prestigio se sigue regalando. Dos finales, dos derrotas. ¿Dónde quedaron los nombres de jerarquía para pelear el “semestre histórico”? ¿Y el estadio terminado? ¿Y la economía saneada? Las mentiras se encadenan hasta estallar en esta realidad. Los barras siguen copando el club, siguen viviendo de la plata de los socios.

Mohamed también tiene su cuota de culpa, en muy menor porcentaje, pero la tiene. Alguna vez profesó el jugar con enganche. Se le fue Leandro Gracián, desistió de Nicolás Martínez y se quedó sin generador de fútbol. Ni siquiera chistó. Pidió la renovación de Silvera y no le cumplieron. No elevó su voz. Pidió por un nueve de área y no le cerraron a ninguno. ¿Mostró enojo? Para nada, sólo un suave: “Yo sugiero, no impongo”. Ahora, que se haga cargo también. Quizás su mejor jugada hubiese sido irse en la pretemporada para dejar más en claro al culpable y no quedar preso de sus maniobras, pero prefirió quedarse por la cantidad de competencias.

El “semestre histórico” se oscureció. Y muchos lo vieron venir, otros, con la hermosa sensación de la pasión a cuestas, no. No hay plantel, no hay recambio, no hay frescura para pelear por todo. Se lesionan jugadores por pretemporadas flojas (culpa dirigencial, del cuerpo técnico y de los jugadores), se optan por tratamientos risorios y después se pagan con creces, como sucedió con Patricio Rodríguez. Se traen jugadores de dos pesos con cincuenta y no se piensa en jerarquizar el plantel con dos o tres de los buenos. Y a todo esto, no dejo de pensar en la próxima temporada si en esta no metemos 60 puntos de base.

Hoy diciembre me suena lejano. Son poco más de tres meses donde Independiente debe seguir atravesando esta debacle, esta tormenta de la cual no lo dejan salir. El compromiso de votar en diciembre debe ser total. El socio y el hincha deben tomar conciencia del momento que vive “El Rojo”. Que las copas no nos mareen y este mal momento nos sirva para entender lo mal que estamos. Que nos dejen crecer, que nos dejen volver a ser aquel que fuimos, aquel que nos contaron nuestros viejos.

martes, 16 de agosto de 2011

Cuando la realidad aniquila a la fantasía

Independiente quiso pero no pudo, chocó contra sus limitaciones y Lanús le ganó en la última jugada, casi sin proponérselo. El equipo tuvo la pelota, pero no supo atacar. Las malas decisiones dirigenciales a la hora de hacer las compras, dejan al desnudo las pocas alternativas que hay para enderezar la nave. Que la ilusión de las Copas no tape el verdadero contexto

Independiente fue a Lanús pensando en ganar y en seguir en la senda de la mejoría futbolística luego del golpazo en Japón. Contra Inter, por la Recopa, se jugó un primer tiempo interesante. El segundo, fue un poco más de lo mismo que se mostró en la etapa con Antonio Mohamed, salvo en la Copa Sudamericana, donde las piernas cansadas volvieron a regar el campo de juego. Esta vez, ante un Lanús timorato, “El Rojo” se adueñó del balón desde el principio del partido, pero le faltó intensidad a la hora de atacar.

La pelota circuló de un lado hacie el otro, aunque de forma horizontal. A Independiente no le da la nafta para verticalizar el juego y meter sorpresa en ataque. Primero, porque no tiene un conductor definido, y segundo, porque le cuesta ser un conjunto picante, con movimientos variados de tres cuartos de cancha en adelante. A veces, hay jugadores que uno no entiende de qué juegan. Ese punto, tan práctico como vital, es gran responsabilidad del entrenador. De todas formas, siempre desde mi punto de vista, el génesis de este aspecto futbolístico nace desde la mala decisión de los dirigentes para ir en busca de los refuerzos.

Estaba claro que a Independiente le faltaba un nueve. Dejaron escapar a Andrés Silvera (antes que nueve, un ídolo), no supieron cerrar a Ernesto Farías, no hicieron un intento serio por Mariano Pavone (se fue a la B con River, pero, más allá de gustos, nadie puede negar que es un delantero de jerarquía), y así, el mercado de pases se cerró sin un delantero goleador que pueda jugar junto Facundo Parra o suplantarlo cuando no esté, tal como ocurre ahora. Se trajo a Adrián Argachá, a Osmar Ferreyra, a Gino Clara (¡juega en reserva!) y se dejó ir a Nicolás Martínez. Si quieren, súmenle a Darío Gandín, que venía a jugar un año gratis, pero a Mohamed no le satisfizo.

El entrenador tiene la culpa no sólo de lo táctico, sino también en no presionar por los refuerzos que él pedía. Tanto pidió por enganches (en su primer mercado de pases), que llama la atención que haya dejado ir a Nicolás Martínez. Nunca fue firme con su insistencia, por lo que ahora no servirá quejarse por la falta de gol, de creación. La dirigencia jamás entendió el semestre que se jugaba Independiente, porque la fantasía de las Copas puede pasar a ser un papelón si no estás preparado para afrontarlas y ganarlas. El costo deportivo puede ser demasiado grande, ni hablar del político.

Está claro que por algo vinieron Clara y Argachá y no se hizo el esfuerzo para retener a Silvera o traer a Farías. Independiente, de la mano del actual presidente, fue un outlet de negociados, un efímero paso de mediopelos sin sentido. Ojalá que me cierren la boca, brillen y le dejen un gran rédito al club, pero el pasado habla por sí solo. Si pensamos que Independiente futbolísticamente está como está porque Mohamed es un entrenador miedoso, hay algún deber que no estamos haciendo bien. Que el actual fútbol no nos coma la identidad. Que lo soldados oficialistas no desvíen el rumbo de nuestros cantos, que las banderas de nuestra historia no se incendien con falsas promesas.

Esta gestión no sólo contrató jugadores falopa. No sólo derribó un estadio y lleva cuatro años para hacer el nuevo (con numerosas pifias de promesas), donde prometió gastar diez millones de dólares y lleva despilfarrados más de 30 (debe ser la famosa “crisis mundial”). No sólo vendió a Sergio Agüero, Oscar Ustari, Germán Denis, entre otros, sino que además acrecentó el pasivo a 180 millones de pesos. Pero tranquilos, porque nos “endeudamos para crecer”. No sólo no le renovó el contrato a Américo Gallego, el entrenador más exitoso de la etapa más negra y a quien hoy le debemos no estar peleando el descenso, sino que además se desprendió de jugadores como Ignacio Piatti, Walter Acevedo, Luciano Vella, Lucas Mareque, sin recibir una moneda a cambio (o que entre al club).

Cuando a Independiente el mercado le cuesta fortuna, seguimos manteniendo a tres arqueros de nivel. Casi le regalamos a Hilario Navarro a Boca. Cedimos a Sergio Vittor a Gimnasia, después de haber tenido roce europeo jugando la Champions League. No pido que se quede, sino que se le busque un equipo que abone por sus servicios. Se dio a préstamo y con una baja opción a Nicolás Martínez. Se prestó a Aléxis Blanco, sin recibir nada, a Platense. ¿Cómo puede ser que prestamos a nuestros jugadores gratis cuando a nosotros nos arrancan la cabeza para sumar un jugador? No sabemos comprar, porque no sabemos vender.

Si Independiente tiene la suerte de ir a Brasil y gana la Recopa (Dios quiera), muy pocos se acordarán de que el club no está bien pese a la fantasía internacional (bienvenida sea, pero con memoria). El hincha debe informarse, preguntar, interesarse. En vez de cargar a Pavone porque se fue a la B con River, hay que hacerse escuchar por este amor que están manchando. De una buena vez hay que poner las pelotas sobre la mesa y jugarse por Independiente, sin depender de los “bebitos” pagos. Sin ser kamikazes, hay que hacerse oír.

Lo futbolístico termina siendo un reflejo de lo institucional, con esas lagunas de colores milagrosos, como fue la Sudamericana. Pero eso, no debe desviar nuestra meta, nuestro objetivo de ver resurgir a Independiente. Nos prometieron una cancha, un equipo con jugadores de jerarquía, una economía sana, un club de pie. En esta gestión, nada de eso pasó. Pero la culpa de que no saquemos los tres puntos, fue alguna vez de Gallego, ahora de Mohamed, porque son “cagones”. ¿No será que ver la realidad nos hace mal?       

viernes, 12 de agosto de 2011

Gracias por volver

Un humilde video para guardar: el regreso de Gabriel Milito a Independiente. Gracias por sentir la misma pasión que sentimos los hinchas, por amar a Independiente y, sobre todo, por cumplir tu promesa y regresar a tu casa. BIENVENIDO GABY. 

Debo destacar que me emocioné cuando vi a Milito juntarse con Eduardo Tuzzio, agarrarse de las manos, hablarse y motivarse uno a otro (01:21). Lo que genera el Mariscal es difícil de explicar. Es nuestro sentido de pertenencia, nuestro ídolo. Resignó dinero para volver cuando otros se desesperan para irse. Sí, es verdad, está hecho, pero cuando en Europa varios clubes se peleaban por su fichaje, él tuvo memoria y dejó en claro sus sentimientos. Somos su casa, su familia. Gracias Mariscal por tanto amor rojo.

"Contra Inter, con estadio terminado"

Contra Inter: ¿a estadio terminado?
 Había una vez un presidente que propuso infinidades de veces terminar la cancha. Primero iba a ser de una forma, luego de otra. Los proyectos cambiaron una y otra vez, tanto como las fechas de terminación. Lo que todavía no cambió es la forma de burlarse del socio e hincha. Pero bueno, será la crisis mundial. Tranquilos, hermanos rojos. El tipo sabe: nos endeudamos para crecer...
Que chiquita quedó la Garganta 4...Ah, ¿no la hicieron? 


jueves, 11 de agosto de 2011

Pastillas de una noche de Recopa

El triunfo ante el Inter. La vuelta de un ídolo. El temple de Tuzzio. Las dudas en el juego. La ausencia de Parra, la ausencia de otro nueve. La lesión de Patricio Rodríguez. Un estadio terminado…ah no? ¿Cómo?, si contra Inter era con cancha completa…

La serie está abierta:
Independiente golpeó en la ida, fundamentalmente porque lo jugó como una final; con dientes apretados, alma, corazón y mucho sacrificio. Fue laborioso. Nada que reprochar en la actitud. En ese aspecto, se mejoró notablemente de la pálida imagen que se dejó en Japón. Pero claro, si uno es minucioso, faltó el juego. No hubo explosión y las jugadas de ataque terminaron en un embudo, algo que facilitó la tarea defensiva del Internacional, que tiene una floja dupla de centrales.
Claro, faltó Facundo Parra, un jugador “finalero” como pocos. Y eso se sintió. Porque no se presentó demasiada batalla en el área rival, más allá de la trabajada actuación de Marco Pérez, corriendo cada pelota y pidiéndola siempre.
En la idea de juego, Independiente siguen en proceso de elaboración, aunque las dudas se ciernen en cómo y en cuánto volverá Patricio Rodríguez para oxigenar de tres cuartos de cancha hacia delante. Matías Defederico tuvo una pobre labor y sus palabras de revancha nunca se convirtieron en acciones de juego. Con la boca no alcanza.
La presencia de Gabriel Milito en el fondo trajo seguridad para sus compañeros. Muy firme Julián Velázquez, tiempista y con mucha rudeza en cada balón dividido. Aunque el punto más alto del fondo fue Eduardo Tuzzio, quién como lateral derecho se sintió cómodo y fue salida clara siempre. Fue la gran figura de la noche, el alma del equipo junto al enorme capitán. El medio de a ratos hizo pie y en otros pasajes se complicó. Quizás el equipo mostró más claridad cuando Hernán Fredes pasó al círculo central y dejó de lado el laborioso recorrido de volante por derecha, el cual está claro que no es para él. Deslucido fue lo de Cristian Pellerano e intermitente lo de Iván Pérez.
La serie quedó abierta, en Brasil habrá que jugarlo con el cuchillo entre los dientes, con el corazón caliente y la mente fría. Nunca reculando. Si esto último pasa, muy difícilmente Independiente pueda sostener el resultado a favor.

Me verás volver:
Heló la sangre y agitó los pulsos. Quemó gargantas e hizo apretar puños, derramar lágrimas y emocionar hasta a los más duros. Cuando saltó al césped del Libertadores de América, con sus rulos al viento, las piernas de los hinchas sintieron una vibración. Volvió Gabriel Milito, el Mariscal, el ídolo que siempre juró amor eterno por Independiente y que lo dejó en claro con este regreso. Las gracias no alcanzan, por eso la ovación será obligatoria en cada partido, en cada tramo que ocupe de su vida.
Se notó que le faltaba ritmo, pero nunca perdió su estirpe ganadora, su estilo de campeón nato. Dejó en claro que la camiseta la lleva tatuada, que el escudo se le une al corazón por el puente de la pasión. Gracias Mariscal, gracias por volver y alegrarnos la vida.

Un guerrero llamado Eduardo:
Conmueve lo de Tuzzio. Conmueve que un tipo hecho, que pisa los 38 años siga jugando como en épicas batallas, que deje el alma en cada pelota, que riegue la cancha de esfuerzo, de sacrificio. Su corazón es uno de los motores de este Independiente, es una piedra fundamental de un equipo que no puede ni sabe suplirlo. Tuzzio es único, es puro temple y empuje. De su alma renace el Rojo. Al igual que Milito, lleva la camiseta impresa en la piel, sin ser hincha, pero jugando como si lo fuese, como el más fanático.

Las lesiones, el mayor rival:
Parece mentira que haya que estar rezando todas las semanas para que no se rompa ningún jugador. Las giras trajeron billetes frescos (que si eran más iban a parar a bolsillos violentos), pero no sirven desde la preparación física. Los viajes, los horarios y los constantes movimientos van a contramano del rédito económico. El pésimo estado se notó en Japón, aunque ante el Inter se levantó esa imagen que sembró bronca en la Suruga Bank. Lo inentendible y llamativo es lo de Patricio Rodríguez: ¿dos meses esperaron para darse cuenta que había que operarlo?
Cuando Patricio Rodríguez se asentaba con creces y prometía un semestre a pleno, le cortaron las alas.  

Espejitos de colores LED:
Linda la pintura del Libertadores, que lo resalta, lo embellece. Muy pintorescos los accesos con luces LED, al igual que el cartel que está en el primer piso de la Garganta 4. ¿Qué? ¿No hay Garganta 4? ¿Pero cómo? Si contra Inter era “a estadio terminado”…Bueno, pero por lo menos está la Garganta 3. ¿Eh? ¿Tampoco? Mirá que seremos desesperados. Por lo menos se va terminando la unión de la Cordero…sí, después de casi tres años.
Y no lo dijo un hincha, ni un obrero. Lo dijo el presidente del club, que volvió a quedar en offside con sus declaraciones. En fijar fechas, Julio Comparada pierde por goleada. Basta de promesas incumplidas. El socio y el hincha de Independiente se merece respeto, compromiso y seriedad.
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miércoles, 3 de agosto de 2011

Small in Japan

Independiente jugó sin respetar su historia y se prendió fuego en Shizuoka. Perdió la final de la Suruga Bank con el Jubilo Iwata y la oportunidad de sumar su 17º título a nivel internacional. Un planteo mezquino de Antonio Mohamed y un pobre rendimiento en general del equipo, hicieron de una posible fiesta una obra de terror.

Antonio Mohamed calificó a este pasaje del año como “el semestre de la historia”, una lástima que no se lo haya comunicado a su forma de dirigir. “El Turco”, como otras veces acertó y otras tantas falló, se equivocó feo en la forma de buscar el partido e Independiente lo terminó pagando muy caro. La culpa no es sólo del entrenador, claro, sino también de los intérpretes dentro de la cancha, a quienes se los vio ahogados, con poco fuego sagrado y más dudas que certezas. Sólo vale rescatar a Eduardo Tuzzio, el eterno gladiador, el esfuerzo (aunque no el de siempre) de Facundo Parra y la actuación de Hilario Navarro.

Las vacilaciones se ciernen, más que sobre la táctica y el esquema en sí, en la mentalidad de ir a buscar el partido, que valga la redundancia, jamás se buscó. Uno podrá poner tres defensores, cuatro, cinco, dos, pero lo que termina definiendo la esencia del equipo es la mentalidad. La disposición de las fichas, en la enorme mayoría de las veces, es figurativa, porque todo depende de las formas de buscar el partido, de la psiquis, el intento, las ganas. Independiente nunca se interesó por ir de frente, a llevarse por delante al rival, a plantar la bandera en el campo contrario. Y eso, nada tiene que ver con la táctica, sino con las filosofías de intento.

¿Qué cambió respecto a lo del semestre pasado? Poco, muy poco. No se vieron cambios profundos. Lo que es más llamativo, es que Independiente continúa profundizando su crisis defensiva. Iván Vélez y Maximiliano Vélazquez son solubles de encarar. Para peor, a Julián Velázquez se lo vio lento, impreciso, desconcentrado, falto de distancia. Salvo Tuzzio, el fondo fue un desconcierto. La mitad fue triste. Mohamed reconoció que el doble cinco adelantado era el puesto de Fredes, pero lo mandó a la derecha. Paró una dupla central que nunca hizo pie (durante el partido y las veces que les tocó jugar juntos), que fundió el motor en el primer tiempo. Osmar Ferreyra no entró en contacto con la pelota y fue un punto bajísimo del equipo. Arriba, dejó un estivo de esperanza la movilidad de Marco Pérez. Lo de Parra fue lo mismo de siempre: esfuerzo y cuota de gol.

Mohamed tampoco acertó con los cambios. Nunca dio el mensaje de ir a ganar el partido y, cuando estuvo en ventaja, pasó lo de siempre y el equipo se retrasó, consciente o inconscientemente. Y ahí le dejás una señal al rival: “atacame”. Y eso es un dolor de cabeza enorme. Porque Independiente cede terreno, no enarbola contras y se defiende mal. Sólo apuesta a las manos de Hilario Navarro. Después, a rezar para que la pelota no llegue al área. Pero eso es casi utópico pensando en lo mal que juega el Rojo. Cuando se lo propuso, Independiente le creó jaquecas al fondo japonés. Por eso queda la imagen triste, de inconformidad, lamento y rabia de retrasarse cuando el partido se abría para liquidarlo.

Los penales son inanalizables. Cuando algo depende tanto del azar no hace falta echar leña al fuego. Es mejor generar la autocrítica dentro de esos pasivos y desconcertantes 90 minutos, donde no hubo juego y sí flaquezas en todos los sectores de la cancha. Para colmo, hubo que aguantar la paupérrima imagen de televisión que enfocaba a ese grupo de violentos bancados a sueldo fijo. Después nos preocupamos por jugar el campeonato económico y chamuyar mentiras de ese estilo. No hay plata para pagar impuestos de contratos (Piatti, Acevedo, Silvera, etc), pero sí para subir a estos irracionales vomitivos en un avión…con la plata del club.

Fue una mañana negativa en todo sentido. No hubo cambios, todo sigue igual. Lo bueno es que el miércoles hay otra final para redimirse y jugar como manda la verdadera historia de Independiente. Que esas palabras del “semestre histórico” se transformen en hechos, y esos hechos, evolucionen, desde el vamos, con sudor, sacrificio y orgullo dentro de la cancha. Hoy fuimos chiquitos en Japón…muy chiquitos.



martes, 2 de agosto de 2011

A usted, Señor Pastoriza

A usted que lo conocí por los cuentos de mi viejo, de mi hermano, que me hablaban de su persona y yo, sin una imagen que me sirva de ejemplo para concientizar mis pensamientos, lo veía como un Dios todopoderoso, un ángel vestido con la camiseta de Independiente. A usted que forjó la Familia Roja, que militó por la gloria y peleó por la mística, siempre respetando los deseos y el paladar de los hinchas. A usted que como persona fomentó la unión de los grupos, que alimentó con su semilla futbolera la historia enorme de nuestro amado club.

Gracias por todo, Señor Pastoriza. Gracias por valorar la camiseta, por sus códigos, por su hombría, por su sentimiento y su amor al fútbol. Gracias por enfatizar la humildad y por regar el fútbol de compromiso, por mentalizar a los jugadores que cada final es para ganarla e inmortalizarse en la historia grande de los clubes. Enormemente gracias por contribuir con la mística, por hacer feliz a cada hincha de Independiente, en cada lugar del país, en cada rincón del mundo.

Señor Pastoriza. Hoy pasaron siete años desde que mi vieja me levantó una mañana y me dio la noticia de su partida. Por más que lo vi poco como entrenador del Rojo, para mí usted es un símbolo, un caudillo, un ganador nato, un ejemplo. El todopoderoso de Avellaneda, el defensor de los hinchas, del fútbol, de la mística. El protector de la historia, de sus jugadores. El gran hacedor de grupos. El componente trascendental de una pasión que nació de pibe y hoy me tiene acá, escribiéndole estas líneas.

Le confieso, Señor Pastoriza, que sin conocerlo tanto me llena de orgullo que sea parte de nuestra historia. Sin usted nada hubiese sido posible. Apenas tuve la suerte de ver una Copa Libertadores con su persona en el banco de los suplentes, cuando lo ponía a Sergio Agüero. Y yo estaba ilusionado, ¿sabe? No por el equipo, sino porque usted estaba ahí, sentadito, con ese vozarrón de marca registrada. La ilusión partió desde las proezas que me contó mi papá sobre usted. De las historias emocionantes que mi hermano mencionaba sobre usted. Eran cuentos para soñar con un Independiente mejor. Si esa batalla con los cordobeses en el 78 es como leer una historia de guerra y, cuando los soldados estaban en manos de Dios, hacer el milagro y sacar adelante la contienda. Y esta pasión, en gran parte, también se la debo usted.

Señor Pastoriza, no pude cumplir con un sueño que a esa altura no imaginaba, pero que hoy, inmerso en esta profesión, me hubiese gustado lograr: una charla de café, un rato hablando de fútbol, de Independiente, de la mística y las anécdotas que le dejó el fútbol. Le prometo, Señor Pastoriza, que el día que el de arriba me quiera llevar, lo voy a buscar a usted y le daré ese enorme abrazo que siempre quise. Seguro que allí debe andar, rodeado de hinchas rojos, compartiendo un buen asado y hablando de las hazañas, esas que usted siempre supo profesar.