La serie está abierta:
Independiente golpeó en la ida, fundamentalmente porque lo jugó como una final; con dientes apretados, alma, corazón y mucho sacrificio. Fue laborioso. Nada que reprochar en la actitud. En ese aspecto, se mejoró notablemente de la pálida imagen que se dejó en Japón. Pero claro, si uno es minucioso, faltó el juego. No hubo explosión y las jugadas de ataque terminaron en un embudo, algo que facilitó la tarea defensiva del Internacional, que tiene una floja dupla de centrales.
Claro, faltó Facundo Parra, un jugador “finalero” como pocos. Y eso se sintió. Porque no se presentó demasiada batalla en el área rival, más allá de la trabajada actuación de Marco Pérez, corriendo cada pelota y pidiéndola siempre.
En la idea de juego, Independiente siguen en proceso de elaboración, aunque las dudas se ciernen en cómo y en cuánto volverá Patricio Rodríguez para oxigenar de tres cuartos de cancha hacia delante. Matías Defederico tuvo una pobre labor y sus palabras de revancha nunca se convirtieron en acciones de juego. Con la boca no alcanza.
La presencia de Gabriel Milito en el fondo trajo seguridad para sus compañeros. Muy firme Julián Velázquez, tiempista y con mucha rudeza en cada balón dividido. Aunque el punto más alto del fondo fue Eduardo Tuzzio, quién como lateral derecho se sintió cómodo y fue salida clara siempre. Fue la gran figura de la noche, el alma del equipo junto al enorme capitán. El medio de a ratos hizo pie y en otros pasajes se complicó. Quizás el equipo mostró más claridad cuando Hernán Fredes pasó al círculo central y dejó de lado el laborioso recorrido de volante por derecha, el cual está claro que no es para él. Deslucido fue lo de Cristian Pellerano e intermitente lo de Iván Pérez.
La serie quedó abierta, en Brasil habrá que jugarlo con el cuchillo entre los dientes, con el corazón caliente y la mente fría. Nunca reculando. Si esto último pasa, muy difícilmente Independiente pueda sostener el resultado a favor.
Me verás volver: Heló la sangre y agitó los pulsos. Quemó gargantas e hizo apretar puños, derramar lágrimas y emocionar hasta a los más duros. Cuando saltó al césped del Libertadores de América, con sus rulos al viento, las piernas de los hinchas sintieron una vibración. Volvió Gabriel Milito, el Mariscal, el ídolo que siempre juró amor eterno por Independiente y que lo dejó en claro con este regreso. Las gracias no alcanzan, por eso la ovación será obligatoria en cada partido, en cada tramo que ocupe de su vida.
Se notó que le faltaba ritmo, pero nunca perdió su estirpe ganadora, su estilo de campeón nato. Dejó en claro que la camiseta la lleva tatuada, que el escudo se le une al corazón por el puente de la pasión. Gracias Mariscal, gracias por volver y alegrarnos la vida.
Un guerrero llamado Eduardo:Conmueve lo de Tuzzio. Conmueve que un tipo hecho, que pisa los 38 años siga jugando como en épicas batallas, que deje el alma en cada pelota, que riegue la cancha de esfuerzo, de sacrificio. Su corazón es uno de los motores de este Independiente, es una piedra fundamental de un equipo que no puede ni sabe suplirlo. Tuzzio es único, es puro temple y empuje. De su alma renace el Rojo. Al igual que Milito, lleva la camiseta impresa en la piel, sin ser hincha, pero jugando como si lo fuese, como el más fanático.
Las lesiones, el mayor rival: Parece mentira que haya que estar rezando todas las semanas para que no se rompa ningún jugador. Las giras trajeron billetes frescos (que si eran más iban a parar a bolsillos violentos), pero no sirven desde la preparación física. Los viajes, los horarios y los constantes movimientos van a contramano del rédito económico. El pésimo estado se notó en Japón, aunque ante el Inter se levantó esa imagen que sembró bronca en
Cuando Patricio Rodríguez se asentaba con creces y prometía un semestre a pleno, le cortaron las alas.
Espejitos de colores LED: Linda la pintura del Libertadores, que lo resalta, lo embellece. Muy pintorescos los accesos con luces LED, al igual que el cartel que está en el primer piso de
Y no lo dijo un hincha, ni un obrero. Lo dijo el presidente del club, que volvió a quedar en offside con sus declaraciones. En fijar fechas, Julio Comparada pierde por goleada. Basta de promesas incumplidas. El socio y el hincha de Independiente se merece respeto, compromiso y seriedad.
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