viernes, 2 de septiembre de 2011

Que el domingo, cueste lo que cueste...

No es un partido más, es un clásico. Como tal, habrá que jugarlo con el corazón hirviendo, con el alma. Los jugadores y el entrenador tienen que ponerse en la piel del hincha y saber lo que significa para cada uno de los fanáticos jugar contra Boca. No sirve otra cosa que ganar, más aún después de las dos finales perdidas. Necesitamos una alegría, una caricia que recomponga el regodeo y siga alimentando este sentimiento inagotable.

No queda otra, Rojo: es salir y desdoblarse por el compañero, regar cada milímetro de la cancha con sudor. Hay que jugar por la historia, por el presente y el futuro. Todo se implica en este partido. Es una batalla, un regocijo de emociones entremezcladas para nosotros, los que lo sufrimos desde el tablón. Nervios, tensiones, ansias. Amores de un lado, odios del otro. Alegrías, vacilaciones. Todo conjugado en noventa y pico de minutos que duran más, mucho más. Porque todo tiene una previa, pero también ese alargue donde te imaginás festejando…siempre.

No se pasa por la cabeza perder, porque en un clásico una derrota es el vacío mismo. Es la perdición, el orgullo agujereado. Más aún con estos muchachos, los reyes de bostas. Que mi aliento se transforme en tu sacrificio, tus ganas en mi voz y que nuestra alma se fusione para que los once sean 35 mil luchando por un triunfo, librando esa batalla desde las 18.10 para que, cerca de las 20, la noche nos sorprenda revoleando uno, dos, mil trapos sobre nuestras cabezas.

Tenés que darlo todo, Rojo. Nos bancamos dos cachetazos dolorosos, dirigentes incapaces y un letargo oscuro de productividad futbolística. Queremos que nos regales esta alegría, porque los clásicos tienen esa enorme magia: los jugamos entre todos. Lo jugamos, desde la tribuna, por ustedes. Por eso, exigimos que dentro de la cancha lo jueguen por nosotros, por esta gente que soportó buenas y malas, pero que siempre puso la cara por vos y el pecho por recuperar nuestra identidad, esa misma con la crecimos, ilusionados en un futuro que nada tiene que ver con esta realidad.

Pero acá estamos, es infranqueable romper la ilusión con tanta historia detrás. Es imposible rendirse cuando nuestros viejos nos enseñaron a que Independiente ganó todo, a que es mística, orgullo. El domingo, no es sólo un partido, el domingo es la vida, Rojo. Nosotros en el tablón, ustedes con el corazón. Ganar o ganar.

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