martes, 16 de agosto de 2011

Cuando la realidad aniquila a la fantasía

Independiente quiso pero no pudo, chocó contra sus limitaciones y Lanús le ganó en la última jugada, casi sin proponérselo. El equipo tuvo la pelota, pero no supo atacar. Las malas decisiones dirigenciales a la hora de hacer las compras, dejan al desnudo las pocas alternativas que hay para enderezar la nave. Que la ilusión de las Copas no tape el verdadero contexto

Independiente fue a Lanús pensando en ganar y en seguir en la senda de la mejoría futbolística luego del golpazo en Japón. Contra Inter, por la Recopa, se jugó un primer tiempo interesante. El segundo, fue un poco más de lo mismo que se mostró en la etapa con Antonio Mohamed, salvo en la Copa Sudamericana, donde las piernas cansadas volvieron a regar el campo de juego. Esta vez, ante un Lanús timorato, “El Rojo” se adueñó del balón desde el principio del partido, pero le faltó intensidad a la hora de atacar.

La pelota circuló de un lado hacie el otro, aunque de forma horizontal. A Independiente no le da la nafta para verticalizar el juego y meter sorpresa en ataque. Primero, porque no tiene un conductor definido, y segundo, porque le cuesta ser un conjunto picante, con movimientos variados de tres cuartos de cancha en adelante. A veces, hay jugadores que uno no entiende de qué juegan. Ese punto, tan práctico como vital, es gran responsabilidad del entrenador. De todas formas, siempre desde mi punto de vista, el génesis de este aspecto futbolístico nace desde la mala decisión de los dirigentes para ir en busca de los refuerzos.

Estaba claro que a Independiente le faltaba un nueve. Dejaron escapar a Andrés Silvera (antes que nueve, un ídolo), no supieron cerrar a Ernesto Farías, no hicieron un intento serio por Mariano Pavone (se fue a la B con River, pero, más allá de gustos, nadie puede negar que es un delantero de jerarquía), y así, el mercado de pases se cerró sin un delantero goleador que pueda jugar junto Facundo Parra o suplantarlo cuando no esté, tal como ocurre ahora. Se trajo a Adrián Argachá, a Osmar Ferreyra, a Gino Clara (¡juega en reserva!) y se dejó ir a Nicolás Martínez. Si quieren, súmenle a Darío Gandín, que venía a jugar un año gratis, pero a Mohamed no le satisfizo.

El entrenador tiene la culpa no sólo de lo táctico, sino también en no presionar por los refuerzos que él pedía. Tanto pidió por enganches (en su primer mercado de pases), que llama la atención que haya dejado ir a Nicolás Martínez. Nunca fue firme con su insistencia, por lo que ahora no servirá quejarse por la falta de gol, de creación. La dirigencia jamás entendió el semestre que se jugaba Independiente, porque la fantasía de las Copas puede pasar a ser un papelón si no estás preparado para afrontarlas y ganarlas. El costo deportivo puede ser demasiado grande, ni hablar del político.

Está claro que por algo vinieron Clara y Argachá y no se hizo el esfuerzo para retener a Silvera o traer a Farías. Independiente, de la mano del actual presidente, fue un outlet de negociados, un efímero paso de mediopelos sin sentido. Ojalá que me cierren la boca, brillen y le dejen un gran rédito al club, pero el pasado habla por sí solo. Si pensamos que Independiente futbolísticamente está como está porque Mohamed es un entrenador miedoso, hay algún deber que no estamos haciendo bien. Que el actual fútbol no nos coma la identidad. Que lo soldados oficialistas no desvíen el rumbo de nuestros cantos, que las banderas de nuestra historia no se incendien con falsas promesas.

Esta gestión no sólo contrató jugadores falopa. No sólo derribó un estadio y lleva cuatro años para hacer el nuevo (con numerosas pifias de promesas), donde prometió gastar diez millones de dólares y lleva despilfarrados más de 30 (debe ser la famosa “crisis mundial”). No sólo vendió a Sergio Agüero, Oscar Ustari, Germán Denis, entre otros, sino que además acrecentó el pasivo a 180 millones de pesos. Pero tranquilos, porque nos “endeudamos para crecer”. No sólo no le renovó el contrato a Américo Gallego, el entrenador más exitoso de la etapa más negra y a quien hoy le debemos no estar peleando el descenso, sino que además se desprendió de jugadores como Ignacio Piatti, Walter Acevedo, Luciano Vella, Lucas Mareque, sin recibir una moneda a cambio (o que entre al club).

Cuando a Independiente el mercado le cuesta fortuna, seguimos manteniendo a tres arqueros de nivel. Casi le regalamos a Hilario Navarro a Boca. Cedimos a Sergio Vittor a Gimnasia, después de haber tenido roce europeo jugando la Champions League. No pido que se quede, sino que se le busque un equipo que abone por sus servicios. Se dio a préstamo y con una baja opción a Nicolás Martínez. Se prestó a Aléxis Blanco, sin recibir nada, a Platense. ¿Cómo puede ser que prestamos a nuestros jugadores gratis cuando a nosotros nos arrancan la cabeza para sumar un jugador? No sabemos comprar, porque no sabemos vender.

Si Independiente tiene la suerte de ir a Brasil y gana la Recopa (Dios quiera), muy pocos se acordarán de que el club no está bien pese a la fantasía internacional (bienvenida sea, pero con memoria). El hincha debe informarse, preguntar, interesarse. En vez de cargar a Pavone porque se fue a la B con River, hay que hacerse escuchar por este amor que están manchando. De una buena vez hay que poner las pelotas sobre la mesa y jugarse por Independiente, sin depender de los “bebitos” pagos. Sin ser kamikazes, hay que hacerse oír.

Lo futbolístico termina siendo un reflejo de lo institucional, con esas lagunas de colores milagrosos, como fue la Sudamericana. Pero eso, no debe desviar nuestra meta, nuestro objetivo de ver resurgir a Independiente. Nos prometieron una cancha, un equipo con jugadores de jerarquía, una economía sana, un club de pie. En esta gestión, nada de eso pasó. Pero la culpa de que no saquemos los tres puntos, fue alguna vez de Gallego, ahora de Mohamed, porque son “cagones”. ¿No será que ver la realidad nos hace mal?       

2 comentarios:

  1. Definitivamente, vos tenes que estar en nuestro blog, mas claro, imposible.

    Abrazo grande.

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  2. Coincido en lo que comentás de la parte dirigencial. Con respecto al armado del plantel me surge un interrogante. Acaso no nos cansamos de pedir espacio para los pibes de inferiores? Hoy Nieva tiene su chance de crecer como 9, pero todos piden que se refuerce ese puesto. Decimos que tenemos que mantener a Alexis Blanco pero si traemos y traemos jugadores nunca va a tener espacio en el rojo y, en la medida que no pueda tener rodaje, va a carecer de oportunidades de crecer. Si creo que falta un conductor, porque no veo un jugador de inferiores que pueda consolidarse en ese puesto. Nicolás Martínez no es conductor, es encarador, habilidoso, pero nunca organizador de juego. En lo demás, coincido plenamente en tu repudio a la marcha de Silvera (igualmente insultado, yo leí a mucha gente insultarlo, increíble). Si los hinchas no nos podemos poner de acuerdo en qué proyecto de club queremos jamás vamos a lograr exigir a la banda de delincuentes que dirigen nuestro amado club las cosas que Independiente necesita. Hay que discutir los temas de fondo pero después bancar el proyecto. Si se decide potenciar inferiores, banquemos a los pibes, lleva tiempo. No pidamos refuerzos cuando los pibes pierdan dos partidos. Formemos talentos, pero los banquemos, los proyectemos y los desarrollemos con la roja pegada al pecho.

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