viernes, 30 de septiembre de 2011

El partido innegociable

Gentileza InfiernoRojo.com
Hay olor a clásico. Por más que la primavera llene el aire de aromas florales, vos sólo sentís ese indescriptible olor que caracteriza este tipo de partidos. Pensás en el gol que más gritaste. Te acordás del primero en la cancha, del último, del día que te llevó tu papá, de la mano, señalándolos y diciéndote: “Allá están, miralos: esos son tus hijos”, mientras vos te desorbitabas observando esa postal y el hermoso colorido que iba pintando el cemento de ese rojo furioso que te encandiló el corazón.

No hacés otra cosa que pensar en el clásico, de imaginarte el domingo. Sólo pasa por tu cabeza un grito de desahogo allá por las seis de la tarde. Sobrevuelan, claro, esos fantasmas oscuros en caso de un tropezón con “estos muertos”, como te gusta llamarlos cada vez que te referís a ellos. Pero si fueron una empresa, estuvieron en la B, son nietos nuestros, son los reyes del abandono. ¿Por qué temer? Porque es un clásico, viejo. Porque la adrenalina es diferente a la de cualquier otro partido. Porque la sangre corre a mil por hora. Porque cada arteria que desemboca en el corazón trasmuta entre nervios, alegría, nerviosismo y esa interminable pasión que brota desde lo más profundo del bobo.

¿Cómo carajo quieren que te calmes? ¿No entienden lo que es un clásico, hermano? Es eso, es la mezcla de sensaciones, es “EL” partido, es un campeonato aparte dentro de otro. Es el orgullo del barrio en juego, es respetar la historia con un triunfo, una alegría fundamental dentro de tanta malaria. Es el sentimiento a carne viva, la lujuria, el descontrol, la explosión in situ de la emoción desatada en tu alma.

La semana acumula seis noches antes del clásico, pero vos soñás el partido mil veces. Te lo imaginás con la luna puesta en el cielo, a la mañana, al mediodía y mientras tu jefe te pide algo en el laburo. “No me jodas”, pensás. La vuelta del laburo a casa es pensar sólo en el partido, es enfermarte hasta que ponés la cabeza en la almohada y la historia empieza a iniciarse de nuevo. El clásico es un círculo vicioso que se extiende por una semana más luego de terminado. Porque luego del resultado final hay dos opciones: regar cada lugar que transitás con tu aire sumiso y sobrador, o quedarte en el molde, aceptar la derrota y guardar, con todo el orgullo del mundo, tus palabras vacías de alegría.

Pero ellos son Racing, viejo. Son el muro humano de los lamentos. Son la tristeza a flor de piel. Son los que alquilaron su equipo, los que hicieron de su cancha un depósito de papas. Son nietos sufridos, una empresa, los reyes del abandono, los que se despidieron de Primera en nuestra cancha, mientras nosotros sumábamos otra estrella. Su orgullo son sus propios hinchas, todo un síntoma, mientras el tuyo, es ser el mejor. Paradójicamente, tu orgullo es ser el Orgullo Nacional.

”No vieja, no la planches, dejala así”, gritás, mientras le sacás la camiseta de las manos y te la ponés. Ella muta en tu piel, se hace carne, se transforma en sangre de tu sangre. Se reavivan los colores en tu cuerpo. Sentís esa adrenalina, ese sentimiento que estalla en cada célula de tu cuerpo. No sos vos, es Independiente que se metió en tu cuerpo. De tu boca se escapa un resonante: “…que esta tarde, cueste lo que cueste, esta tarde tenemos que ganar…”. Escuchás la bocina, son los pibes que te pasaron a buscar, envueltos en banderas. Es la hora, llegó el momento: el amor de tu vida te espera, vas hacia él. Por otro clásico, por otra alegría; VAMOS INDEPENDIENTE! 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Contra Vélez, todos a la Sur

 Sin banderas políticas, y sólo con el escudo de Independiente tatuado en el alma, un grupo de socios creó la página www.elclubesdelossocios.com.ar, donde simbolizan su descontento con la actual dirigencia y le piden a los hinchas que pagan la cuota mensual asistir, en el partido con Vélez, a la tribuna social Sur, en repudio a los violentos que día a día se pasean por nuestro club y en clara bronca por la paupérrima administración política, económica, financiera y deportiva del “Rojo”.
Luego del partido frente a San Martín de San Juan, donde el hincha de Independiente dijo basta y marcó un hito en el fútbol argentino por ser, de forma seria, ordenada y masiva, el primer club donde sus fanáticos le pusieron un límite a los barras, los dirigentes del club lanzaron un risorio comunicado donde pidieron la convivencia con el sector violento que generalmente ocupa la tribuna Norte. Este ejemplo, deja al desnudo los lazos entre los directivos de Independiente y la barra brava, más aún cuando azotan las tempestades producto de los tiempos electorales.

Por eso, el hincha de Independiente, cansado del constante manoseo y los manejos que terminan perjudicando al “Rojo”, volverán a unirse para redoblar la apuesta y continuar con la recuperación del club. Sería bueno que la dirigencia (de Independiente y TODOS los clubes del fútbol argentino), las fuerzas de seguridad y los organismos gubernamentales destinados a la organización de eventos deportivos, tomen nota y hagan  de este puntapié, el primer eslabón para erradicar la violencia de las canchas. Aunque claro está, a veces, la razón nada puede hacer contra el bolsillo ni el poder. 

domingo, 11 de septiembre de 2011

La balada del Diablo y la muerte

Independiente no encuentra el rumbo: perdió en Córdoba y su crisis no se detiene. La hemorragia nació en lo dirigencial y explotó en lo futbolístico. Los dirigentes siguen pisoteando la historia y subestimando la alerta que dio River a mitad de año. Ahora llega Ramón Díaz, quien la semana pasada elogió a Comparada.


Un aborto de la historia. Así podría considerarse a este Independiente que hoy, realidad a la vista, sigue consumiendo papelones. En esta oportunidad cayó 2-0 frente a Belgrano, que le terminó haciendo precio al pobrísimo equipo de Cristian Díaz. Claro, el pobre ex lateral del “Rojo” no tuvo otra que tirar a la cancha ese plantel medio pelo que formaron Julio Comparada y sus secuaces. Con ese mismo equipo pretendieron jugar “el semestre de la historia”. Aunque lo que quedará más en la historia aún, será este nefasto e impresentable mandato de la peor dirigencia que tuvo la institución.

Faltos de tacto, de cordura, prepotentes, oscuros, incompetentes e irrespetuosos con los que armaron de Independiente un club modelo, desde lo institucional y futbolístico. Hoy dejaron el club en ruinas, despojado de su historia, pisoteado e inmerso en deudas que hacen tambalear el futuro, porque fueron los constructores de un pasado y un presente destructor, vaya paradoja.

Lo futbolístico termina siendo un árbol dentro de un bosque de irresponsabilidades. Estos dirigentes vaciaron a Independiente, lo “desglorificaron” y lo hicieron perdedor. Pasaron 15 entrenadores, pero la rabia sigue en el club. Esta dirigencia sepultó al último entrenador, el mismo que los desvirgó de títulos, como también tuvo el tupé de no renovarle el contrato al entrenador que hoy nos permite seguir jugando en Primera División: Américo Gallego. Si no fuese por sus 68 puntos, hoy Independiente estaría jugando contra Guillermo Brown de Puerto Madryn.

El viernes pasado sacaron un comunicado donde le pidieron a los hinchas, básicamente, “lograr la convivencia con los hinchas caracterizados”. Dejando en claro que los barras son sus soldados y seguirán copando todos los sectores del Libertadores de América. Hablan de climas políticos, justamente, política: lo peor que saben hacer. Porque no dan respuestas, ni explicaciones, ni tienen autocrítica, ni escuchan al socio, ni al hincha. Porque se cagaron en Independiente y subestimaron todas las ocasiones que tuvieron para “reavivar” al club.

Ahora llegará Ramón Díaz, que se convertirá en un nuevo títere de la dirigencia. Él mismo riojano plantó la evidencia en la semana, cuando elogió a Comparada en todos los medios donde, casi solito, se decretó el nuevo entrenador del “Rojo”. “Comparada es uno de los empresarios más grandes de Argentina y un gran presidente”, dijo, quien seguramente no sepa ni un poco del presente del club y la nefasta gestión de estos directivos. Por suerte, el ancho de espadas lo tiene el socio. De él dependerá jugar esa carta en diciembre y ganar la partida más dura en la historia del club.  
 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Más que nunca, INDEPENDIENTES

A la violencia se le plantó el orgullo. A la matonería le ganó el sentimiento. Al bolsillo lo descuartizó el corazón. Al apriete lo venció la historia. A las ratas se las carcomió la pasión, y a los terrores los aplastaron las convicciones. El final se acerca, la liberación también. El gigante despegó un ojo, se acomodó, echó una sonrisa al aire y pidió más unión. Porque él, él más que nadie sabe, que la unión hace la fuerza. No se lo contaron, lo forjó en su génesis, porque su tradición lo obligó a ser Independiente.

Sin una mano política, sin protección policial ni seguridad garantizada, los hinchas/socios autoconvocados se pararon en la tribuna Sur, sacudieron sus gargantas y brotaron de albor a Independiente. Le dieron vida con su valentía, le mostraron la luz al final del túnel y dejaron al desnudo que “El Rojo” es un club tomado, más allá que su presidente, junto a sus secuaces, se encargue una y otra vez de desmentirlo. Los apañan, de lo contrario, no tendrían la libertad para moverse de un lado a otro, de copar cada sector del estadio. Un gran trabajo de los organismos de seguridad, que dejaron entrar facas al Libertadores de América. Pero ningún adicto del bolsillo podrá aplacar las voces del verdadero hincha de Independiente.

El futuro llegó para quedarse, porque no hay crisis ni abismo que no se puedan doblegar hasta vencer. Los hinchas genuinos, esos que pagan de su bolsillo su entrada, que fabrican con amor su bandera, que juntan billete por billete para seguir al “Rojo” a donde sea sin depender de nada ni de nadie, la sufrieron, se las vieron negras. Pero pusieron el pecho por Independiente. Sólo por ese sentimiento, el más puro y fiel que existe entre cada célula de nuestro cuerpo.

Porque estos mismos imbéciles, cagones que le pegan a sus propios hinchas por órdenes de ineptos, mediocres y desalmados, desconectaron y taparon cámaras de seguridad para otra vez agredir a quienes muchas veces compartieron la tribuna con ellos. La tragedia rozó el Libertadores permanentemente, por culpa de quien le dio poder a estas ratas inmundas que inundaron el club, que lo tomaron y lo despojaron de sus raíces, que le sacaron el sentido de pertenencia hasta el más fanático. Hasta amenazaron a una embarazadas, hubo desmayos, corridas, facas al aire y provocaciones. Pero esta vez, las lacras no pudieron con la fidelidad del hincha. Porque nunca sintieron un sentimiento…jamás. Y de ningún modo podrán hacerlo. De la traición no se vuelve.

Este 7 de septiembre podría catalogarse como el día del resurgimiento de Independiente, de la reconstrucción de uno de los clubes más importantes del mundo. Porque sus socios e hinchas entendieron que el miedo no podía vencerlos. Ellos, empeñados en despertar al gigante, hicieron de sus voces el canto más fiel. Y ese sonido, devoto, penetrante y conmovedor, le hizo una caricia a la historia. Nacimos con la gloria bajo el brazo, con historias de batallas ganadas en cualquier parte del mundo. Crecimos con esa esencia, la de las copas. Alguna vez, los nietos de nuestros forjadores del sentimiento, o los propios, sabrán que hubo gente que le devolvió la vida al club. Ahora, más unidos que nunca, vamos por más. Sin banderas políticas, ni blancos predilectos. Sólo por y para Independiente. Él merece, debe y volverá a ser el que fue. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

Vergüenza nacional

Foto gentileza @Z_Matias
Un club que llegó a rozar los cien mil socios, que ganaba todo lo que jugaba. Un club que era el orgullo de la Argentina a nivel mundial, que estaba manejado por dirigentes nobles, capaces, sacrificados, que vivían por esta institución. Esos mismos directivos que compraban por dos pesos con cincuenta y luego vendían cinco veces más caro. Hombres que amaban a Independiente, que vivían por él y para él. Hinchas que representaban a todos, que seguían un modelo de institución, que pretendían seguir creciendo para alcanzar la perfección. Un paladar, una ideología que jamás se traicionaba. Hoy se tocó el fondo jamás pensado en aquellas épocas gloriosas.

Estamos gobernados por lacras, ladrones, gente que sólo quiere llenarse sus bolsillos a costas de Independiente. Julio Comparada, Cristian Mattera, Leandro Battafarano, Muraca, Sciacalugga (y tantos otros del presente y pasado), todos nefastos personajes que llevaron al Rojo a la ruina, que lo dejaron en coma, que lo pisotearon, que se cagaron de risa de todos los socios e hinchas. Esa misma mierda que pobló al club de barras, esos delincuentes pagos, que ni siquiera son hinchas de Independiente y deambulan por el club buscando su víctima, defendiendo los intereses de los de arriba. Miseria humana que amedrenta al hincha de verdad, a ese que ama al Rojo con toda la fuerza de su corazón.

Ayer echaron a un entrenador. La situación se tornó insostenible. Si hacía falta algo para dejar en claro que el club está tomado, era esto. Meses atrás, el caradura de Matera, advirtió que esta dirigencia sacó a los barras del club. Un sinvergüenza excepcional. Él, con el peor presidente de la historia, le dieron el poder a esos violentos, le entregaron las llaves del club, a cambio de poder, votos, impunidad, negocios turbios y vagones de dólares, que a esta altura deben de ser millones. Después, los nefastos dirigentes se preguntan por qué no pueden terminar la cancha. A todo eso hay que sumarle los interminables negociados que trajeron para jugar en la primera división de Independiente y las boletas truchas que vuelan por los aires.

El ejemplo más claro sucedió con el pan, cuando estas lacras asquerosas inventaban boletas truchas para sacar migajas de las arcas de Independiente. Una panificadora le donaba al club, pero cual ratas inmundas, algunos dirigentes inventaban papeles falsos para sacarles pequeñas sumas de dinero a la institución. Imaginen lo que muerden en los pases, en las obras del estadio. Se nos ríen en la cara, se nos cagan de risa. Nos tratan de idiotas y, cuando querés hacerte oir, te mandan los matones a sueldo.

Ayer Antonio Mohamed sufrió en carne propia el cáncer que está matando a Independiente. Lo echó la barra, no renunció. Lo echó Comparada, no dio un paso al costado. El presidente nunca tuvo las pelotas necesarias para encarar al “Turco”, darle la mano, y decirle: “Hasta acá llegamos”. El equipo no jugaba bien, el técnico estaba a la deriva, pero no mereció irse de esta manera. Comparada le soltó la mano, justamente al entrenador que lo desvirgó de títulos. Vomitivo por donde se lo mire. Realmente asqueroso y nauseabundo. Hasta le tocaron la marcha fúnebre, cuando hace cinco años tuvo que soportar la muerte de su hijo. Unos verdaderos lacayos hijos de puta.

Independiente está enfermo. El virus se llama Comparada y sus secuaces son las otras moléculas para las que hoy no tenemos anticuerpos. El remedio tiene que llegar en diciembre. Es una suplica que cada socio se presente y vote por el bien del club, que lo ayude de la manera más fiel y democrática: emitiendo su sufragio. Hay que desarraigar a toda esta enfermedad que nos está matando. En julio, tras el descenso de River, advertí que esa situación nos tenía que servir de ejemplo. Los dirigentes subestimaron todo, como hace seis años vienen subestimando al club, a los socios, a los hinchas, a los jugadores y a los entrenadores. En Independiente todo pasa, pero el máximo culpable siempre queda impune. El Rojo está en coma, si no cambiamos, en diciembre le desactivan el respirador…definitivamente, lo matan.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Que el domingo, cueste lo que cueste...

No es un partido más, es un clásico. Como tal, habrá que jugarlo con el corazón hirviendo, con el alma. Los jugadores y el entrenador tienen que ponerse en la piel del hincha y saber lo que significa para cada uno de los fanáticos jugar contra Boca. No sirve otra cosa que ganar, más aún después de las dos finales perdidas. Necesitamos una alegría, una caricia que recomponga el regodeo y siga alimentando este sentimiento inagotable.

No queda otra, Rojo: es salir y desdoblarse por el compañero, regar cada milímetro de la cancha con sudor. Hay que jugar por la historia, por el presente y el futuro. Todo se implica en este partido. Es una batalla, un regocijo de emociones entremezcladas para nosotros, los que lo sufrimos desde el tablón. Nervios, tensiones, ansias. Amores de un lado, odios del otro. Alegrías, vacilaciones. Todo conjugado en noventa y pico de minutos que duran más, mucho más. Porque todo tiene una previa, pero también ese alargue donde te imaginás festejando…siempre.

No se pasa por la cabeza perder, porque en un clásico una derrota es el vacío mismo. Es la perdición, el orgullo agujereado. Más aún con estos muchachos, los reyes de bostas. Que mi aliento se transforme en tu sacrificio, tus ganas en mi voz y que nuestra alma se fusione para que los once sean 35 mil luchando por un triunfo, librando esa batalla desde las 18.10 para que, cerca de las 20, la noche nos sorprenda revoleando uno, dos, mil trapos sobre nuestras cabezas.

Tenés que darlo todo, Rojo. Nos bancamos dos cachetazos dolorosos, dirigentes incapaces y un letargo oscuro de productividad futbolística. Queremos que nos regales esta alegría, porque los clásicos tienen esa enorme magia: los jugamos entre todos. Lo jugamos, desde la tribuna, por ustedes. Por eso, exigimos que dentro de la cancha lo jueguen por nosotros, por esta gente que soportó buenas y malas, pero que siempre puso la cara por vos y el pecho por recuperar nuestra identidad, esa misma con la crecimos, ilusionados en un futuro que nada tiene que ver con esta realidad.

Pero acá estamos, es infranqueable romper la ilusión con tanta historia detrás. Es imposible rendirse cuando nuestros viejos nos enseñaron a que Independiente ganó todo, a que es mística, orgullo. El domingo, no es sólo un partido, el domingo es la vida, Rojo. Nosotros en el tablón, ustedes con el corazón. Ganar o ganar.

lunes, 29 de agosto de 2011

Insoportable

Independiente jugó mal y armó un deslucido 0-0 frente a Argentinos Juniors en La Paternal. Le falta elaboración de juego y profundidad. Apenas cosechó cuatro puntos sobre nueve posibles. En el horizonte aparece Boca. Mohamed se juega mucho más que un clásico. Los hinchas perdieron la paciencia contra Comparada, el entrenador y los jugadores. ¿Hay salida?

A Independiente le falta elaboración, un jugador que se haga cargo de las riendas del juego y distribuya, alguien que gambetee para delante. No hay un creador, no hay socios, no hay esencia de ataque, sólo voluntades en cuentagotas y no mucho más que eso. Mohamed se mareó. No sólo él, sino que además marea a los jugadores, a los hinchas. Los permanentes cambios de nombres y de esquemas, irritan. Claro está que todo sería más fácil con jugadores de jerarquía, esos mismos que alguna vez pidió Américo Gallego y tiempo después, causalidad o causalidad, no le renovaron el contrato para afrontar un nuevo-viejo proyecto: manipular dt’s y traer futbolistas negociados a gusto y placer. El último puesto (Garnero-Mohamed) fue el corolario de una de las grandes mentiras de Comparada, Matera y compañía.

Si Independiente depende (vaya paradoja) de alguna patriada de Eduardo Tuzzio (inentendible la posición del primer tiempo) o alguna aparición por sorpresa de Iván Vélez, será muy complicado ganar un partido. “El Señor” no está para cargarse el equipo al hombro, ya demasiado hace arreglando problemas ajenos y jugando de lo que se le pida, y el colombiano en cuestión es totalmente irresoluto. Ante Argentinos, “El Rojo” casi que jugó con diez, por la pésima actuación de Osmar Ferreyra, un zurdo que parece haber olvidado hasta su arma más fuerte: la pegada. “El Malevo” fue una verdadera sombra y desde su llegada acumula aplazos.

La defensa volvió a dejar en claro que sufre los pelotazos cruzados y que se complica ante un medio tan blando. Porque Cristian Pellerano y Hernán Fredes (los dos que anduvieron por el círculo central junto a Tuzzio)  carecen de marca. Así se complica mucho más llegar con peligro. La línea de mediocampistas es un pase y siga para los contrarios y se hace muy complejo enarbolar alguna contra. Para salir, Independiente primero debe sufrir; como ocurrió con ese cabezazo de Pablo Barzola o ese remate mordido y desviado de Gustavo Oberman.

Arriba, hay una disyuntiva: Facundo Parra parece perdido con el juego y alejado del gol. A Marco Pérez, en cambio, se lo ve participativo, pero al igual que su compatriota Vélez, a veces se nubla a la hora de definir una jugada. El ex Gimnasia perdió un gol imposible abajo del arco, y a “Facu” el arquero Luis Ojeda le sacó un cabezazo con destino de red. Lo llamativo es que Pérez y Parra no se encuentran entre sí y les cuesta asociarse en alguna jugada de ataque. Contra Argentinos, sólo ocurrió una vez: fue en el segundo tiempo, donde el cafetero habilitó al ex Chacarita que definió ancho ante la rápida salida del guardameta del “Bicho”.

 La gente reprobó la actuación del equipo. Los hinchas se hartaron de que Independiente no brinde absolutamente nada y sea un equipo mediocre. Se saturaron de una dirigencia que no para de equivocarse en cada mercado de pases (salvo en ínfimas oportunidades). Hubo insultos y el agotamiento tendrá su punto de inflexión el próximo domingo en Avellaneda, en el clásico frente a Boca.

Las cartas para Mohamed están echadas y de él dependerá cómo jugarlas. A veces, para ganar al truco no hacen falta figuras, sino viveza. Al “Turco” le falta material, por eso deberá jugarse el todo por el todo y salir a apurar a Boca. Es una final más, aunque esta vez, habrá que jugarla con el corazón (sin excusas) y con los dientes apretados. Ya no se soporta otro revés. El compromiso tiene que ser el máximo, de lo contrario, la llama de un ciclo comenzará a evaporarse; los resultados mandan. Tal cual deben mandar en diciembre para generar lo que la gran mayoría espera: el cambio dirigencial.  


jueves, 25 de agosto de 2011

Otra nubarrón en la historia

Alguna vez pensé que la obtención de la Copa Sudamericana iba a  terminar por despertar a aquel gigante dormido que se echaba una larga siesta por Avellaneda, no por años de esfuerzos, sino por sendas anestesias dirigenciales que nunca lo dejaron despabilarse y lo mantuvieron ahí, en la oscuridad y ese frío letargo que colmó las almas de cada hincha de Independiente. Pero nada de eso sucedió. Lo que era una oportunidad para cambiar, hacer las cosas bien, posicionarse económica y futbolísticamente, sólo fue un sueño de verano.

En poco más de un mes, Independiente, el mismísimo Rey de Copas, el Orgullo Nacional, perdió dos finales que eran ganables, pero que se consumieron en derrotas. Porque nunca se entendió como crecer después de aquel logro ante el Goiás. Porque se siguieron cometiendo los mismos errores de siempre: proyectos que llueven en forma de fracasos, negociados en vez de jerarquía, las mentiras del estadio que saltan a la realidad día tras día y las promesas eternamente incumplidas. Por todo esto, y mucho más, hoy seguimos regalando el prestigio que tanto nos costó ganar en la Sudamericana. Un trabajo y un esfuerzo que se tiró por la borda por las incesantes equivocaciones dirigenciales.

No se arreglaron los contratos de Andrés Silvera ni de Ernesto Farías por los “impuestos”, pero a Brasil viajaron algunos personajes con dinero del club
, tal es el caso del famoso “Candidato del Hincha”, a quien se lo vio merodeando por el vestuario de Independiente, cerca de su amigo y socio dirigencial, Julio Comparada. Ni siquiera saben mentir. La situación, si uno pensaba que podría mejorar porque se acercaban las elecciones y necesitaban maquillarse para ganar votos, no cambió. Es más, se oscurece día a día.

¿Para que seguimos maquillando la penosa realidad arreglando jugar tantas copas? Podrán entrar algunos dólares por jugar estas competencias, pero el prestigio se sigue regalando. Dos finales, dos derrotas. ¿Dónde quedaron los nombres de jerarquía para pelear el “semestre histórico”? ¿Y el estadio terminado? ¿Y la economía saneada? Las mentiras se encadenan hasta estallar en esta realidad. Los barras siguen copando el club, siguen viviendo de la plata de los socios.

Mohamed también tiene su cuota de culpa, en muy menor porcentaje, pero la tiene. Alguna vez profesó el jugar con enganche. Se le fue Leandro Gracián, desistió de Nicolás Martínez y se quedó sin generador de fútbol. Ni siquiera chistó. Pidió la renovación de Silvera y no le cumplieron. No elevó su voz. Pidió por un nueve de área y no le cerraron a ninguno. ¿Mostró enojo? Para nada, sólo un suave: “Yo sugiero, no impongo”. Ahora, que se haga cargo también. Quizás su mejor jugada hubiese sido irse en la pretemporada para dejar más en claro al culpable y no quedar preso de sus maniobras, pero prefirió quedarse por la cantidad de competencias.

El “semestre histórico” se oscureció. Y muchos lo vieron venir, otros, con la hermosa sensación de la pasión a cuestas, no. No hay plantel, no hay recambio, no hay frescura para pelear por todo. Se lesionan jugadores por pretemporadas flojas (culpa dirigencial, del cuerpo técnico y de los jugadores), se optan por tratamientos risorios y después se pagan con creces, como sucedió con Patricio Rodríguez. Se traen jugadores de dos pesos con cincuenta y no se piensa en jerarquizar el plantel con dos o tres de los buenos. Y a todo esto, no dejo de pensar en la próxima temporada si en esta no metemos 60 puntos de base.

Hoy diciembre me suena lejano. Son poco más de tres meses donde Independiente debe seguir atravesando esta debacle, esta tormenta de la cual no lo dejan salir. El compromiso de votar en diciembre debe ser total. El socio y el hincha deben tomar conciencia del momento que vive “El Rojo”. Que las copas no nos mareen y este mal momento nos sirva para entender lo mal que estamos. Que nos dejen crecer, que nos dejen volver a ser aquel que fuimos, aquel que nos contaron nuestros viejos.

martes, 16 de agosto de 2011

Cuando la realidad aniquila a la fantasía

Independiente quiso pero no pudo, chocó contra sus limitaciones y Lanús le ganó en la última jugada, casi sin proponérselo. El equipo tuvo la pelota, pero no supo atacar. Las malas decisiones dirigenciales a la hora de hacer las compras, dejan al desnudo las pocas alternativas que hay para enderezar la nave. Que la ilusión de las Copas no tape el verdadero contexto

Independiente fue a Lanús pensando en ganar y en seguir en la senda de la mejoría futbolística luego del golpazo en Japón. Contra Inter, por la Recopa, se jugó un primer tiempo interesante. El segundo, fue un poco más de lo mismo que se mostró en la etapa con Antonio Mohamed, salvo en la Copa Sudamericana, donde las piernas cansadas volvieron a regar el campo de juego. Esta vez, ante un Lanús timorato, “El Rojo” se adueñó del balón desde el principio del partido, pero le faltó intensidad a la hora de atacar.

La pelota circuló de un lado hacie el otro, aunque de forma horizontal. A Independiente no le da la nafta para verticalizar el juego y meter sorpresa en ataque. Primero, porque no tiene un conductor definido, y segundo, porque le cuesta ser un conjunto picante, con movimientos variados de tres cuartos de cancha en adelante. A veces, hay jugadores que uno no entiende de qué juegan. Ese punto, tan práctico como vital, es gran responsabilidad del entrenador. De todas formas, siempre desde mi punto de vista, el génesis de este aspecto futbolístico nace desde la mala decisión de los dirigentes para ir en busca de los refuerzos.

Estaba claro que a Independiente le faltaba un nueve. Dejaron escapar a Andrés Silvera (antes que nueve, un ídolo), no supieron cerrar a Ernesto Farías, no hicieron un intento serio por Mariano Pavone (se fue a la B con River, pero, más allá de gustos, nadie puede negar que es un delantero de jerarquía), y así, el mercado de pases se cerró sin un delantero goleador que pueda jugar junto Facundo Parra o suplantarlo cuando no esté, tal como ocurre ahora. Se trajo a Adrián Argachá, a Osmar Ferreyra, a Gino Clara (¡juega en reserva!) y se dejó ir a Nicolás Martínez. Si quieren, súmenle a Darío Gandín, que venía a jugar un año gratis, pero a Mohamed no le satisfizo.

El entrenador tiene la culpa no sólo de lo táctico, sino también en no presionar por los refuerzos que él pedía. Tanto pidió por enganches (en su primer mercado de pases), que llama la atención que haya dejado ir a Nicolás Martínez. Nunca fue firme con su insistencia, por lo que ahora no servirá quejarse por la falta de gol, de creación. La dirigencia jamás entendió el semestre que se jugaba Independiente, porque la fantasía de las Copas puede pasar a ser un papelón si no estás preparado para afrontarlas y ganarlas. El costo deportivo puede ser demasiado grande, ni hablar del político.

Está claro que por algo vinieron Clara y Argachá y no se hizo el esfuerzo para retener a Silvera o traer a Farías. Independiente, de la mano del actual presidente, fue un outlet de negociados, un efímero paso de mediopelos sin sentido. Ojalá que me cierren la boca, brillen y le dejen un gran rédito al club, pero el pasado habla por sí solo. Si pensamos que Independiente futbolísticamente está como está porque Mohamed es un entrenador miedoso, hay algún deber que no estamos haciendo bien. Que el actual fútbol no nos coma la identidad. Que lo soldados oficialistas no desvíen el rumbo de nuestros cantos, que las banderas de nuestra historia no se incendien con falsas promesas.

Esta gestión no sólo contrató jugadores falopa. No sólo derribó un estadio y lleva cuatro años para hacer el nuevo (con numerosas pifias de promesas), donde prometió gastar diez millones de dólares y lleva despilfarrados más de 30 (debe ser la famosa “crisis mundial”). No sólo vendió a Sergio Agüero, Oscar Ustari, Germán Denis, entre otros, sino que además acrecentó el pasivo a 180 millones de pesos. Pero tranquilos, porque nos “endeudamos para crecer”. No sólo no le renovó el contrato a Américo Gallego, el entrenador más exitoso de la etapa más negra y a quien hoy le debemos no estar peleando el descenso, sino que además se desprendió de jugadores como Ignacio Piatti, Walter Acevedo, Luciano Vella, Lucas Mareque, sin recibir una moneda a cambio (o que entre al club).

Cuando a Independiente el mercado le cuesta fortuna, seguimos manteniendo a tres arqueros de nivel. Casi le regalamos a Hilario Navarro a Boca. Cedimos a Sergio Vittor a Gimnasia, después de haber tenido roce europeo jugando la Champions League. No pido que se quede, sino que se le busque un equipo que abone por sus servicios. Se dio a préstamo y con una baja opción a Nicolás Martínez. Se prestó a Aléxis Blanco, sin recibir nada, a Platense. ¿Cómo puede ser que prestamos a nuestros jugadores gratis cuando a nosotros nos arrancan la cabeza para sumar un jugador? No sabemos comprar, porque no sabemos vender.

Si Independiente tiene la suerte de ir a Brasil y gana la Recopa (Dios quiera), muy pocos se acordarán de que el club no está bien pese a la fantasía internacional (bienvenida sea, pero con memoria). El hincha debe informarse, preguntar, interesarse. En vez de cargar a Pavone porque se fue a la B con River, hay que hacerse escuchar por este amor que están manchando. De una buena vez hay que poner las pelotas sobre la mesa y jugarse por Independiente, sin depender de los “bebitos” pagos. Sin ser kamikazes, hay que hacerse oír.

Lo futbolístico termina siendo un reflejo de lo institucional, con esas lagunas de colores milagrosos, como fue la Sudamericana. Pero eso, no debe desviar nuestra meta, nuestro objetivo de ver resurgir a Independiente. Nos prometieron una cancha, un equipo con jugadores de jerarquía, una economía sana, un club de pie. En esta gestión, nada de eso pasó. Pero la culpa de que no saquemos los tres puntos, fue alguna vez de Gallego, ahora de Mohamed, porque son “cagones”. ¿No será que ver la realidad nos hace mal?       

viernes, 12 de agosto de 2011

Gracias por volver

Un humilde video para guardar: el regreso de Gabriel Milito a Independiente. Gracias por sentir la misma pasión que sentimos los hinchas, por amar a Independiente y, sobre todo, por cumplir tu promesa y regresar a tu casa. BIENVENIDO GABY. 

Debo destacar que me emocioné cuando vi a Milito juntarse con Eduardo Tuzzio, agarrarse de las manos, hablarse y motivarse uno a otro (01:21). Lo que genera el Mariscal es difícil de explicar. Es nuestro sentido de pertenencia, nuestro ídolo. Resignó dinero para volver cuando otros se desesperan para irse. Sí, es verdad, está hecho, pero cuando en Europa varios clubes se peleaban por su fichaje, él tuvo memoria y dejó en claro sus sentimientos. Somos su casa, su familia. Gracias Mariscal por tanto amor rojo.

"Contra Inter, con estadio terminado"

Contra Inter: ¿a estadio terminado?
 Había una vez un presidente que propuso infinidades de veces terminar la cancha. Primero iba a ser de una forma, luego de otra. Los proyectos cambiaron una y otra vez, tanto como las fechas de terminación. Lo que todavía no cambió es la forma de burlarse del socio e hincha. Pero bueno, será la crisis mundial. Tranquilos, hermanos rojos. El tipo sabe: nos endeudamos para crecer...
Que chiquita quedó la Garganta 4...Ah, ¿no la hicieron? 


jueves, 11 de agosto de 2011

Pastillas de una noche de Recopa

El triunfo ante el Inter. La vuelta de un ídolo. El temple de Tuzzio. Las dudas en el juego. La ausencia de Parra, la ausencia de otro nueve. La lesión de Patricio Rodríguez. Un estadio terminado…ah no? ¿Cómo?, si contra Inter era con cancha completa…

La serie está abierta:
Independiente golpeó en la ida, fundamentalmente porque lo jugó como una final; con dientes apretados, alma, corazón y mucho sacrificio. Fue laborioso. Nada que reprochar en la actitud. En ese aspecto, se mejoró notablemente de la pálida imagen que se dejó en Japón. Pero claro, si uno es minucioso, faltó el juego. No hubo explosión y las jugadas de ataque terminaron en un embudo, algo que facilitó la tarea defensiva del Internacional, que tiene una floja dupla de centrales.
Claro, faltó Facundo Parra, un jugador “finalero” como pocos. Y eso se sintió. Porque no se presentó demasiada batalla en el área rival, más allá de la trabajada actuación de Marco Pérez, corriendo cada pelota y pidiéndola siempre.
En la idea de juego, Independiente siguen en proceso de elaboración, aunque las dudas se ciernen en cómo y en cuánto volverá Patricio Rodríguez para oxigenar de tres cuartos de cancha hacia delante. Matías Defederico tuvo una pobre labor y sus palabras de revancha nunca se convirtieron en acciones de juego. Con la boca no alcanza.
La presencia de Gabriel Milito en el fondo trajo seguridad para sus compañeros. Muy firme Julián Velázquez, tiempista y con mucha rudeza en cada balón dividido. Aunque el punto más alto del fondo fue Eduardo Tuzzio, quién como lateral derecho se sintió cómodo y fue salida clara siempre. Fue la gran figura de la noche, el alma del equipo junto al enorme capitán. El medio de a ratos hizo pie y en otros pasajes se complicó. Quizás el equipo mostró más claridad cuando Hernán Fredes pasó al círculo central y dejó de lado el laborioso recorrido de volante por derecha, el cual está claro que no es para él. Deslucido fue lo de Cristian Pellerano e intermitente lo de Iván Pérez.
La serie quedó abierta, en Brasil habrá que jugarlo con el cuchillo entre los dientes, con el corazón caliente y la mente fría. Nunca reculando. Si esto último pasa, muy difícilmente Independiente pueda sostener el resultado a favor.

Me verás volver:
Heló la sangre y agitó los pulsos. Quemó gargantas e hizo apretar puños, derramar lágrimas y emocionar hasta a los más duros. Cuando saltó al césped del Libertadores de América, con sus rulos al viento, las piernas de los hinchas sintieron una vibración. Volvió Gabriel Milito, el Mariscal, el ídolo que siempre juró amor eterno por Independiente y que lo dejó en claro con este regreso. Las gracias no alcanzan, por eso la ovación será obligatoria en cada partido, en cada tramo que ocupe de su vida.
Se notó que le faltaba ritmo, pero nunca perdió su estirpe ganadora, su estilo de campeón nato. Dejó en claro que la camiseta la lleva tatuada, que el escudo se le une al corazón por el puente de la pasión. Gracias Mariscal, gracias por volver y alegrarnos la vida.

Un guerrero llamado Eduardo:
Conmueve lo de Tuzzio. Conmueve que un tipo hecho, que pisa los 38 años siga jugando como en épicas batallas, que deje el alma en cada pelota, que riegue la cancha de esfuerzo, de sacrificio. Su corazón es uno de los motores de este Independiente, es una piedra fundamental de un equipo que no puede ni sabe suplirlo. Tuzzio es único, es puro temple y empuje. De su alma renace el Rojo. Al igual que Milito, lleva la camiseta impresa en la piel, sin ser hincha, pero jugando como si lo fuese, como el más fanático.

Las lesiones, el mayor rival:
Parece mentira que haya que estar rezando todas las semanas para que no se rompa ningún jugador. Las giras trajeron billetes frescos (que si eran más iban a parar a bolsillos violentos), pero no sirven desde la preparación física. Los viajes, los horarios y los constantes movimientos van a contramano del rédito económico. El pésimo estado se notó en Japón, aunque ante el Inter se levantó esa imagen que sembró bronca en la Suruga Bank. Lo inentendible y llamativo es lo de Patricio Rodríguez: ¿dos meses esperaron para darse cuenta que había que operarlo?
Cuando Patricio Rodríguez se asentaba con creces y prometía un semestre a pleno, le cortaron las alas.  

Espejitos de colores LED:
Linda la pintura del Libertadores, que lo resalta, lo embellece. Muy pintorescos los accesos con luces LED, al igual que el cartel que está en el primer piso de la Garganta 4. ¿Qué? ¿No hay Garganta 4? ¿Pero cómo? Si contra Inter era “a estadio terminado”…Bueno, pero por lo menos está la Garganta 3. ¿Eh? ¿Tampoco? Mirá que seremos desesperados. Por lo menos se va terminando la unión de la Cordero…sí, después de casi tres años.
Y no lo dijo un hincha, ni un obrero. Lo dijo el presidente del club, que volvió a quedar en offside con sus declaraciones. En fijar fechas, Julio Comparada pierde por goleada. Basta de promesas incumplidas. El socio y el hincha de Independiente se merece respeto, compromiso y seriedad.
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miércoles, 3 de agosto de 2011

Small in Japan

Independiente jugó sin respetar su historia y se prendió fuego en Shizuoka. Perdió la final de la Suruga Bank con el Jubilo Iwata y la oportunidad de sumar su 17º título a nivel internacional. Un planteo mezquino de Antonio Mohamed y un pobre rendimiento en general del equipo, hicieron de una posible fiesta una obra de terror.

Antonio Mohamed calificó a este pasaje del año como “el semestre de la historia”, una lástima que no se lo haya comunicado a su forma de dirigir. “El Turco”, como otras veces acertó y otras tantas falló, se equivocó feo en la forma de buscar el partido e Independiente lo terminó pagando muy caro. La culpa no es sólo del entrenador, claro, sino también de los intérpretes dentro de la cancha, a quienes se los vio ahogados, con poco fuego sagrado y más dudas que certezas. Sólo vale rescatar a Eduardo Tuzzio, el eterno gladiador, el esfuerzo (aunque no el de siempre) de Facundo Parra y la actuación de Hilario Navarro.

Las vacilaciones se ciernen, más que sobre la táctica y el esquema en sí, en la mentalidad de ir a buscar el partido, que valga la redundancia, jamás se buscó. Uno podrá poner tres defensores, cuatro, cinco, dos, pero lo que termina definiendo la esencia del equipo es la mentalidad. La disposición de las fichas, en la enorme mayoría de las veces, es figurativa, porque todo depende de las formas de buscar el partido, de la psiquis, el intento, las ganas. Independiente nunca se interesó por ir de frente, a llevarse por delante al rival, a plantar la bandera en el campo contrario. Y eso, nada tiene que ver con la táctica, sino con las filosofías de intento.

¿Qué cambió respecto a lo del semestre pasado? Poco, muy poco. No se vieron cambios profundos. Lo que es más llamativo, es que Independiente continúa profundizando su crisis defensiva. Iván Vélez y Maximiliano Vélazquez son solubles de encarar. Para peor, a Julián Velázquez se lo vio lento, impreciso, desconcentrado, falto de distancia. Salvo Tuzzio, el fondo fue un desconcierto. La mitad fue triste. Mohamed reconoció que el doble cinco adelantado era el puesto de Fredes, pero lo mandó a la derecha. Paró una dupla central que nunca hizo pie (durante el partido y las veces que les tocó jugar juntos), que fundió el motor en el primer tiempo. Osmar Ferreyra no entró en contacto con la pelota y fue un punto bajísimo del equipo. Arriba, dejó un estivo de esperanza la movilidad de Marco Pérez. Lo de Parra fue lo mismo de siempre: esfuerzo y cuota de gol.

Mohamed tampoco acertó con los cambios. Nunca dio el mensaje de ir a ganar el partido y, cuando estuvo en ventaja, pasó lo de siempre y el equipo se retrasó, consciente o inconscientemente. Y ahí le dejás una señal al rival: “atacame”. Y eso es un dolor de cabeza enorme. Porque Independiente cede terreno, no enarbola contras y se defiende mal. Sólo apuesta a las manos de Hilario Navarro. Después, a rezar para que la pelota no llegue al área. Pero eso es casi utópico pensando en lo mal que juega el Rojo. Cuando se lo propuso, Independiente le creó jaquecas al fondo japonés. Por eso queda la imagen triste, de inconformidad, lamento y rabia de retrasarse cuando el partido se abría para liquidarlo.

Los penales son inanalizables. Cuando algo depende tanto del azar no hace falta echar leña al fuego. Es mejor generar la autocrítica dentro de esos pasivos y desconcertantes 90 minutos, donde no hubo juego y sí flaquezas en todos los sectores de la cancha. Para colmo, hubo que aguantar la paupérrima imagen de televisión que enfocaba a ese grupo de violentos bancados a sueldo fijo. Después nos preocupamos por jugar el campeonato económico y chamuyar mentiras de ese estilo. No hay plata para pagar impuestos de contratos (Piatti, Acevedo, Silvera, etc), pero sí para subir a estos irracionales vomitivos en un avión…con la plata del club.

Fue una mañana negativa en todo sentido. No hubo cambios, todo sigue igual. Lo bueno es que el miércoles hay otra final para redimirse y jugar como manda la verdadera historia de Independiente. Que esas palabras del “semestre histórico” se transformen en hechos, y esos hechos, evolucionen, desde el vamos, con sudor, sacrificio y orgullo dentro de la cancha. Hoy fuimos chiquitos en Japón…muy chiquitos.



martes, 2 de agosto de 2011

A usted, Señor Pastoriza

A usted que lo conocí por los cuentos de mi viejo, de mi hermano, que me hablaban de su persona y yo, sin una imagen que me sirva de ejemplo para concientizar mis pensamientos, lo veía como un Dios todopoderoso, un ángel vestido con la camiseta de Independiente. A usted que forjó la Familia Roja, que militó por la gloria y peleó por la mística, siempre respetando los deseos y el paladar de los hinchas. A usted que como persona fomentó la unión de los grupos, que alimentó con su semilla futbolera la historia enorme de nuestro amado club.

Gracias por todo, Señor Pastoriza. Gracias por valorar la camiseta, por sus códigos, por su hombría, por su sentimiento y su amor al fútbol. Gracias por enfatizar la humildad y por regar el fútbol de compromiso, por mentalizar a los jugadores que cada final es para ganarla e inmortalizarse en la historia grande de los clubes. Enormemente gracias por contribuir con la mística, por hacer feliz a cada hincha de Independiente, en cada lugar del país, en cada rincón del mundo.

Señor Pastoriza. Hoy pasaron siete años desde que mi vieja me levantó una mañana y me dio la noticia de su partida. Por más que lo vi poco como entrenador del Rojo, para mí usted es un símbolo, un caudillo, un ganador nato, un ejemplo. El todopoderoso de Avellaneda, el defensor de los hinchas, del fútbol, de la mística. El protector de la historia, de sus jugadores. El gran hacedor de grupos. El componente trascendental de una pasión que nació de pibe y hoy me tiene acá, escribiéndole estas líneas.

Le confieso, Señor Pastoriza, que sin conocerlo tanto me llena de orgullo que sea parte de nuestra historia. Sin usted nada hubiese sido posible. Apenas tuve la suerte de ver una Copa Libertadores con su persona en el banco de los suplentes, cuando lo ponía a Sergio Agüero. Y yo estaba ilusionado, ¿sabe? No por el equipo, sino porque usted estaba ahí, sentadito, con ese vozarrón de marca registrada. La ilusión partió desde las proezas que me contó mi papá sobre usted. De las historias emocionantes que mi hermano mencionaba sobre usted. Eran cuentos para soñar con un Independiente mejor. Si esa batalla con los cordobeses en el 78 es como leer una historia de guerra y, cuando los soldados estaban en manos de Dios, hacer el milagro y sacar adelante la contienda. Y esta pasión, en gran parte, también se la debo usted.

Señor Pastoriza, no pude cumplir con un sueño que a esa altura no imaginaba, pero que hoy, inmerso en esta profesión, me hubiese gustado lograr: una charla de café, un rato hablando de fútbol, de Independiente, de la mística y las anécdotas que le dejó el fútbol. Le prometo, Señor Pastoriza, que el día que el de arriba me quiera llevar, lo voy a buscar a usted y le daré ese enorme abrazo que siempre quise. Seguro que allí debe andar, rodeado de hinchas rojos, compartiendo un buen asado y hablando de las hazañas, esas que usted siempre supo profesar.     

lunes, 18 de julio de 2011

Messi y el rosario de fundamentos necios

Con  la eliminación de Argentina consumada en la Copa América, y como pasó a lo largo de todo el camino de la Selección en el torneo, las miradas siguen apuntando a Lionel Messi. Se escuchan las críticas sin sentido de siempre: que no canta el himno, que no juega como el Barcelona, que no le llega ni a los talones a Maradona y muchas frases hechas, sin evaluación posible, no sólo porque carecen de esencia, sino porque son hechos incomparables, sin fundamento alguno y de una ceguedad que no soportan la sensatez ni un método explicativo.

Hacer una comparación entre los rendimientos de Messi en el Barça y en la Selección es de un pensamiento limitado. En el conjunto catalán, Messi juega desde los 12 años, ya tiene una célula madre incorporada, un chip esencial. Está rodeado por los mejores en su puesto, como Xavi Hernández, Sergio Busquets y el “bochinesco” Andrés Iniesta. Entonces, ¿qué se le puede discutir a un tipo que en su Selección juega rodeado de un triple cinco? Porque no sólo caemos en la tentación de comparar los rendimientos del rosarino, sino en pretender que Ever Banega, Javier Mascherano y Esteban Cambiasso, sean como Xavi-Busquets-Iniesta. Un límite que se funde entre lo cómico y lo desconcertante.  Barcelona no debería ser ningún espejo, porque Argentina debería jugar como Argentina y dejar de intentar copiar estilos a los que jamás podrá llegar.

Adoptar una filosofía de juego (de toque corto, rápido y vertical), es una cosa. Copiar un modelo con componentes principales y actores de reparto, es otra, demasiado errónea. España juega a lo Barcelona porque le dan los mecanismos. A falta de un Messi, se las arregla con otras figuras que cumplen otro rol, pero jamás el de “La Pulga”. De ahí, la base de su éxito. Juega como el Barça, pero se adapta a jugar sin un Messi. En Argentina no pasa, porque tenemos al crack, pero queremos rotular a otros jugadores y clonarlos: no se puede. Así van pasando los años y los fracasos se consumen, se fotocopian monstruosamente, hasta que terminamos por entender que la desilusión siempre está latente, ahí cerca de nuestra puerta y cuando nos queremos dar cuenta, entró a nuestros corazones, para volver a despojarlos de esa ilusión que genera la Selección pero que, últimamente, termina en eso.

Tevez tampoco rinde en la Selección. Quizás alcancen los dedos de las manos para contar las veces que brilló. Pero la gente lo sigue vivando, porque la gran mayoría se comió el enorme chamuyo del “jugador del pueblo”. El mismo que habla una cosa, pero termina haciendo otras muy diferentes. Messi no produce esa hemorragia de felicidad, porque no sabe ni quiere venderse. Su esencia es así. Y punto. Terminamos recayendo en las espaldas de un pibe de 24 años, a quien seguimos desaprovechando. Que es crack (porque nadie puede negarlo) y nos olvidamos de que estamos así por la inoperancia que ejerce desde la Asociación del Fútbol Argentino. Porque la mayor está mal y suma fracasos, como también lo suman los juveniles. Un Sub-17 que juega horrible, un Sub-20 que clasificó de suerte al Mundial de Colombia y no estará en los Juegos Olímpicos. Hablamos de proyectos, pero esa palabra termina siendo una salida poca honrada para eludir las preguntas que no sabemos contestarnos. “Cómo sigue esto. Y bueno, tenemos un proyecto…”. ¿Cuál es? ¿De qué se trata? ¿A dónde vamos? ¿Por qué las juveniles juegan a una cosa y la mayor a otra? ¿Qué pretendemos?

Messi no es Maradona. Y Diego no es Lionel. Son comparaciones incomparables, porque nosotros, los argentinos, necesitamos comparar todo el tiempo las cosas que no tienen un límite de similitud. Sólo porque ambos marcan la tendencia de ser los mejores del mundo, tomamos el camino de la equivocación. ¿Para qué compararlos? No se entiende. Messi no es el del Barcelona, pero Mascherano y Milito tampoco. Di María menos y Tevez ni hablar. Obviemos hablar de Cambiasso y Banega para no caer en el ridículo. Pero claro, es más fácil hablar del mejor, creyendo que nos va a salvar las papas en todos los partidos, cuando ni siquiera tenemos la sabiduría de saber cuidarlo y hacerlo sentir nuestro. Somos así, nacimos para criticar y así vamos sumando fracaso tras fracaso. Porque siempre vemos la punta del iceberg, pero jamás, jamás de los jamases, nos esforzamos para ver a los verdaderos culpables. ¿Y Grondona? ¿Y todos los dirigentes de la AFA? ¿Y el proyecto serio? ¿Y Carlos Bilardo? No, la culpa es de Messi…Así estamos, ojalá que algún día podamos comprender cómo tomar el camino del éxito y darnos cuenta que Messi es el último eslabón de una (des) organización: la Asociación de los papelones.   

domingo, 17 de julio de 2011

El fracaso del pueblo

“No es un fracaso”, dijo Sergio Batista consumada la eliminación en la Copa América, un torneo preparado para que Argentina se reconcilie con la gloria, tras 18 años sin títulos, sin una alegría a nivel mundial ni continental. Las palabras del técnico, no conciernen la realidad. Además de chocar la Ferrari que manejaba, se dejó manipular. Y así terminó. Cedió ante la presión de la gente, ante el pedido “popular” (palabra de moda que me genera una total irritación porque, en la mayoría de los casos políticos, se utiliza mal y de pésima forma) y no tuvo la dignidad de dar un paso al costado cuando desde la AFA le impusieron la presencia de Carlos Tevez, “El jugador del Pueblo”, el mismo que se gana los aplausos por correr a los rivales, por los “huevos”, pero que es delantero y en la Selección no rinde ni mete goles.

Claro, es fácil recaerle a Tevez ahora. Muchos se dirán: ¿qué hubiese pasado si Carlitos metía el penal? Seguramente, nada. Estas líneas no están destinadas a macharle el rotundo fracaso de la eliminación a Tevez, un simple jugador, sino a ver la pobre realidad que ataca a los argentinos, que seguimos creyendo que somos los mejores, pero lamentablemente, nos comemos un buzón torneo tras torneo. Maradona, antes de jugar con Alemania en el Mundial de Sudáfrica 2010, dijo que si la Selección improvisaba, “se comía cuatro”. Diego leyó a la perfección el resultado, lástima que no supo leer el partido y nos tuvimos que volver a casa. Batista llegó de la mano de su “proyecto”, pensando en Brasil 2014. Se llenó la boca hablando de Marcos Rojo, que terminó suplente, tras el juego ante Bolivia, y Javier Zanetti, próximo a cumplir 38 años, ocupando el lateral izquierdo. Para la próxima Copa del Mundo, “El Pupi” tendrá casi 41 años. ¿Así proyectamos?

Batista armó una Selección Clase B, que se comió 4 con Nigeria y perdió con Polonia. Siempre dijo que buscaba parecerse al Barcelona, una estupidez total. Que una de las selecciones más importantes del mundo busque parecerse a un equipo (más allá que sea el mejor del planeta), no es serio. Argentina debe amoldarse a lo que tiene, dentro de sus tiempos de trabajo y con una idea, seria y concisa, que gire alrededor de un plan bien fundamentado de fútbol. No hay táctica, porque creemos que con los nombres en algún momento del partido vamos a desequilibrar. Un mamarracho. Tan patético como, al final del partido con Bolivia, los jugadores buscaron la forma de zafar del vergonzoso 1-1 diciendo que “los bolivianos se metieron muy atrás y fue difícil entrarles”. ¿Acaso pensaban que Bolivia iba a salir a atacarnos?

Batista no quiso a Tevez, pero, un puñado de hinchas en Chaco y la presión de Julio Grondona le hicieron flaquear su idea y terminó bajándose los pantalones. No tuvo dignidad ni principios ni códigos para hacerse respetar. Y el presidente de la AFA, fiel a su conducta autoritaria y vetusta, terminó transformando un equipo con ciertas ideas en un berenjenal de choques y piques sin sentido. “El Apache” no iba a estar en la lista, pero terminó siendo titular. Y Batista tardó dos partidos para darse cuenta que Agüero era el socio ideal de Messi. Contra Uruguay, Batista volvió a confiar en Tevez, mientras los televidentes tuverion que soportar la idiotez de un comentarista que pedía a Carlitos, para “reivindicarse”. Parecía un chiste de mal gusto. La puñalada final llegó como tenía que llegar. Con Tevez errando el penal que definió la serie.  

El emblema del Inter; el goleador de la Premier League; el mejor fichaje del Barcelona para Guardiola, la figura y goleador del Atlético de Madrid, una pieza clave para Mourinho, más el mejor jugador del mundo y socio ideal del Palermo. Un equipo plagado de estrellas y de futbolistas asociados a los grandes equipos de Europa. El factor de jugar en nuestro país, de tener a Bolivia y a un combinado juvenil de Costa Rica en el grupo. Fuimos segundos, después de empatar con los del altiplano (jugando horrible), igualar con Colombia (dejando una penosa imagen) y vencer a un equipo frágil. Nos tocó Uruguay y sólo nos alcanza “el merecimiento de ganarle”. Caímos por penales. Tuvimos todo, pero nos quedamos sin nada, porque nos comimos el chamuyo del “tenemos a los mejores”. Pero para ser los mejores, nos falta bajar a la tierra, agachar la cabeza, trabajar, disminuir la altanería y, de una vez por todas, entender que tenemos todo, pero no somos nada. DT, jugadores, dirigentes, hinchas y periodistas amarillos: todos culpables. Igual, para Batista no fue fracaso…  

martes, 12 de julio de 2011

Ganamos, pero Messi sigue sin cantar el himno

Duele, subestima, rompe las pelotas, en fin…La insoportable maraña de impotentes amarillistas dueños de bolsillos profundos y verdades sin sentido (desarraigos de miserias irresolutas), generaron un confuso y mal oliente clima en torno a Lionel Messi y la Selección. No es discutible la crítica por el juego de la Argentina de Sergio Batista (nadie puede negar que jugó dos pésimos partidos ante Bolivia y Colombia), pero sí son debatible las formas. El amarillismo, la mala leche y el “me cago en todos”, es una forma empresarial para arraigar el consumismo nauseabundo de hoy.

No es nuevo, no se descubre el agua caliente ni el maquillaje tapa ojeras, sólo se trata de dar un golpe de timón, de meter un poco de frescura, una brisa oxigenada, dentro de un ambiente que se volvió con olor a podrido. Hoy, la mayoría de los periodistas no hacen periodismo, sino que practican el “agachismo ilustrado”, una especie de decir todo que sí para quedar bien con el empresario de turno y venderle pescado podrido a la gente, que como moscas, suman clicks, compran páginas llenas de basura y observan, muy pochocleros, como un canal “des”informa de forma tan ligt como aterradora. Como un día defienden a unos, al día siguiente lo matan y al rato lo vuelven a adorar.
El ejemplo de esta calentura superficial salió a flote con un hecho puntual: la “pelea” de Lionel Messi y Nicolás Burdisso. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe y entiende que cuando se juega al fútbol no hay amigos, sólo rivales enfrente, y que, en la mayor cantidad de los casos, uno juega para ganar. Si estos síntomas afectan nuestras vidas jugando en la canchita de la vuelta del hogar o un “torneíto” entre amigos, imaginen lo que pude alterar en las células de un profesional, empatando su segundo partido en su país (en un torneo armado para ganarlo, por la historia y lo que implica jugarlo en casa), insultado por millares de personas y jugando muy mal. Flores no se van a tirar, chistes no van a hacer, callados no se van a quedar. Vertiendo el caso y revolviendo la mierda, justamente, a esos últimos tres puntos, el empresario amarillista dueño del medio hubiese enviado una orden fulminante: “Poné que la Selección volvió a jugar horrible y no mostraron rebeldía”. Simplemente, asco.

Repasando los tres años que me costó hacer la carrera, personalmente, trato de defender a rajatabla la esencia de la noticia. Informar no es vender, es informar. Vender no es informar, es llenarse los bolsillos a costa de algunos muchachotes que escriben, que hablan, que ponen las manos y la “jeta” por aquel que da órdenes detrás de un escritorio, o de un gimnasio, o desde una camioneta 4X4, o desde…Es aquel que cuando habla se muestra entumecido hasta las lágrimas por fomentar la libertad de expresión. Hoy, hacer periodismo, es hacer un gran circo que gira en las conveniencias de unos pocos y de las cuales se alimentan, en forma de migajas, los pobrecitos que escriben o trasladan la “noticia” a los miles de consumidores.

El periodista perdió su rol porque los empresarios y los grandes mercaderes destrozaron la profesión, la hicieron añicos. Hoy un click es mucho más importante que expresar la verdad. Decir que Messi y Burdisso se putearon y casi se van a las manos vende muchísimo más que poner que fue una calentura de un partido de fútbol. Es más viable que llamen a levantarte una nota porque el personaje en cuestión es “amigo de” a que apoyen la noticia que vas a dar. Ojo, no nos confundamos, le ganamos a Costa Rica, jugamos bien y estamos en cuartos, pero este pibe Messi sigue sin cantar el himno…  

lunes, 27 de junio de 2011

Que sirva de ejemplo

Aquellos que se quedaron allí, acurrucados en ese cemento frío, llorando y sintiendo un cruel vacío en el alma, son las únicas víctimas de este mal. Son los que encarnan la pasión desde el corazón, esos mártires de un gigante que hoy está de rodillas, buscando un rumbo que sus propios dirigentes (con la complicidad de los hinchas “falopa”), supieron despojarle. River se fue a la B Nacional y, esta triste y cruel historia, no debe pasar por alto en Independiente. 

De la mano de José María Aguilar y un grupo de secuaces que se devoraron la historia de River, un proceso nefasto por donde se lo mire, el club de Nuñez se terminó de meter en un oscuro túnel del cual nunca pudo salir. Ese grupo funesto de dirigentes, que permitió que la institución sea liderada por barras que se “fumaron” el club, acabó delinquiendo contra la identidad de la mayoría de sus hinchas. Hoy, el seguidor de River se preocupa más porque no le digan “amargos” en vez de comprometerse por tener cuentas claras, directivos serios, transparentes, representativos del clamor social, de pelear títulos, de entrar a las copas. Si hasta ayer, muchos fanáticos de River decían: “Perdimos, pero ¿viste la fiesta que metimos?”. Eso no es River, eso es una mentalidad equivocada de simpatizantes que perdieron una línea, producto de horrores dirigenciales que le lavaron la cabeza.

En Independiente, últimamente, y mal que nos pese, pasó algo muy parecido con eso de la identidad. Nos acostumbramos a disfrutar con poco, a valorar lo que a generaciones pasadas les producía pavor. Hoy nos aliviamos con salvarnos de la Promoción a dos fechas del final, cuando eso antes hubiese sido una verdadera vergüenza, un cachetazo a la historia. Por eso, en diciembre TODOS los socios se tienen que comprometer y elegir al mejor conductor para el club. El Rojo merodeó una situación caótica en lo deportivo y hoy en día, desde lo económico, atraviesa una crisis que se hunde en un pozo. No nos quedemos con la terrorífica frase: “Nos endeudamos para crecer”, porque endeudarse nunca es bueno, más aún si no tenés los cimientos y las herramientas necesarias para resurgir de ese déficit.

River, con Aguilar, vendió jugadores por cifras millonarias y hoy debe más de 200 millones de pesos. Passarella quiso jugar un campeonato económico y se jactó de bajar el déficit mensual, pero claro, no le pagó a nadie. Ni proveedores ni jugadores, ni empleados. Contrató a un solo jugador: Fabián Bordagaray, un delantero que ni siquiera jugaba con asiduidad  en su ex club, San Lorenzo de Almagro. Separó a los ídolos (tema discutido si los hay), puso a un entrenador interino que terminó consumiendo, ante Belgrano, su cuarto descenso en su carrera profesional. Además, el presidente jamás pidió ayuda y murió con su idea de totalitarismo. Por cosas como esas, que son las que salen a la luz (imaginen la basura que debe haber bajo la alfombra), River deberá viajar a Puerto Madryn para jugar con Guillermo Brown y ya no se fijará en qué fecha juega el Superclásico.

Que esta historia, más allá de las cargadas y el folclore, nos lleve a una profunda reflexión. El hincha de Independiente debe lograr dos cosas esenciales de acá a diciembre: compromiso e información. Saber quiénes se presentan, cuáles son sus proyectos, cómo afrontarán y cuándo (bendito día) se terminará el estadio, qué van a hacer con los barras que hoy merodean el club con total impunidad, qué proyectos futbolísticos hay, qué harán con las demás disciplinas y cómo harán para detener la deuda. Más allá de qué jugadores vamos a traer (lo cual no deja de ser importante), la preocupación debe ser recuperar la memoria y mantener a nuestro amado Rojo de pie y como uno de los dos gigantes de la Argentina. Los últimos directivos de River mancharon la historia, los hinchas, los de verdad, esos que no lucran con el club de sus amores, hoy se sienten despojados, abatidos, vulnerados. Que nos sirva de ejemplo, como el camino a no seguir desde la conducción e identidad.